jueves, 12 de agosto de 2010

Cuatro segundos a tu lado...

El calendario muestra orgullosamente un par de números en esta fecha, el cielo pinta un día normal.

Tu voz por la mañana, esta mañana, suena como siempre, como el canto de las aves en un despertar de primavera, mi copo de nieve soleado, mi inspiración, ¿Cuántos momentos hemos pasado juntos?

Desde tus labios hacia mis labios, tus pómulos y mejillas rozando mi pecho caliente, buscando el abrigo de su amor para siempre. Princesa de día de agosto, amor de mi vida. Te pienso a cada momento, tu corazón alocado me pide más...

Tu boca que desborda alegría y recorre mi ser enamorado, tu aroma que acaricia mi entusiasmo, quiero verte a mi lado como veo todos los días el techo cuando me levanto, como aprecio extasiado  tu cuerpo, y lo acaricio como acaricia las partículas de polvo el rayo de sol de la mañana entrante. Tu lengua que busca la mía en las noches en las que no  nos sentimos conformes con sólo vernos, en las que, para dormir, necesito mirarte.

No quiero jamás dejar de tenerte cerca mío, no quiero nunca perderte. Quiero conservarte en mi presencia, conservar el peso de tu cuerpo sentado al borde de la cama mientras peinas tus cabellos negros, mientras suavizas aún más la manta que me gusta acariciar por las noches, las que me arrullan hasta que me duermo de cansado, o las que me acarician mientras me regalas un espectáculo nocturno.

Quiero respirarte brevemente, y sentir que no te retirarás jamás, sentimiento de mi alma, amor de todos mis sentimientos, poetisa mirante, regálamente otra vez tu corazón, como lo haces a diario, que han pasado cuatro momentos a tu lado, cuatro instantes de tiempo que meros segundos duraron.

Extremo oculto de mi corazón, disco resonante en mi cabeza, razón de mi alegría y mi locura, vuélveme loco todos los días que me quedan de vida, alarga nuestra compañía hasta lo infinito del cielo, hasta lo eterno del universo. Vuelve a crear poesía mientras me miras, genera nuevamente en mi cabeza un paisaje de alegría, píntame una nube con tus pestañas, o regálame un árbol completamente amarillo con tu belleza.

Pinta de nuevo en mi alma esa pintura que nunca borraste, que es tu rostro encima de tu nombre perenne, que es aquella estrella titilante que arde pero no quema, que refresca pero no enfría, que se acerca y me besa, que me abraza y me mira.

Envuélveme y cántame de nuevo tus historias matinales, déjame verte preparando el alimento de mis brazos, que es tu cuerpo deseando mi cuerpo. Caliéntame esta noche con la tranquilidad de tu voz de sueño de hoguera en la playa, alúmbrame nuevamente con la antorcha de tus sentimientos. Abrázame, que mi amor es como una ola de mar, a veces la sientes alta, a veces baja, pero peramenece constante mojando los granos de arena, como te amo cuando te siento lejos, cuando te siento cerca.

Han pasado cuatro segundos, que se dicen llamar "años", desde que decidimos sincerarnos el uno al otro sin engañarnos, decirnos lo que sentimos y lo mucho que deseábamos estar juntos. Cuatro espacios de tiempo en los que mi corazón repite, cual manecilla de reloj, tu nombre a cada segundo. Y hoy te escribo esta burda composición para decirte que no te alejes nunca, que me ames para siempre, y que cuando esté triste, me alegres como me enseñaste a hacerlo contigo, cuando nos alejamos un ápice de luz nocturna, cuando te siento lejos, cuando te echo de menos.

lunes, 9 de agosto de 2010

Casi un brindis...

A veces cuando el día es triste, como ahora, una nota que el cielo no sonríe, las gotas de nube quieren caer y a la vez no, como las lágrimas de un niño avergonzado.

En esos momentos uno recuerda los pasajes cumplidos, los hechos pasados, las anécdotas divertidas, los momentos compartidos y el tiempo regalado.

Momentos en los que uno quisiera arrastrar situaciones antiguas tomadas a la ligera, que al parecer nunca volverán, cosas hermosas que se llevó el tiempo, razones absurdas por las cuales los rayos de sol se niegan a alumbrar.

Por las personas que dijeron "adiós" sin despegar los labios, que dejaron una profunda e imborrable cicatriz en nuestro corazón con forma de estela, como cuando una estrella fugaz surca el cielo y nos deja la esperanza de ver nuestros sueños cumplidos. Ellos forjarán eternamente cadenas gruesas en nuestro corazón y atraerán a nosotros llanto sin lágrimas ni gemidos, abrazos nostálgicos y vacíos, paseos en solitario por una vereda conocida.

Por aquellos que lograron despedirse, o no, sin embargo nuestra razón tenía la certeza de que un día partirían dejándonos solos por siempre, que ya no se encuentran con nosotros pero su recuerdo siempre reconfortará nuestros corazones, alentándonos a seguir, haciendo que sus deseos, nuestro legado, nos obligue a sentirnos casi tranquilos, expectantes, queriendo hacer sentir orgullosa a una ilusión perteneciente a un pasado impenetrable. Ellos nos hacen abrazar con desazón una prenda con su aroma, haciéndonos sentir protegidos, o protectores, acurrucar en nuestra mente una escena pasada con una copa de vino en una mano o quizá el humo de un cigarro brotando de nuestra boca, nos hacen abrir los labios para contar sucesos a su lado, sentirnos un instante cansados, sin ánimos...

Por todos aquellos que por alguna razón, conocida o sin conocer, ya no nos hacen sentir acompañados, por un amigo perdido, por un familiar muerto, por un amor extraviado, por aquellas personas que vuelven, por una décima de tiempo a nuestro lado, porque convierten nuestro corazón en una joya gastada, un disco antiguo y rayado.

Por ellos hoy mi escritura atrae a los recuerdos, por aquellos que nos hicieron reír y sentirnos seguros, para aquellos a los que debemos tanto sin poder agradecerlo, para ellos hoy estos simples versos.