Palabras formando la expresión mínima de lo irreal, una forma diferente de decir lo que soy.
martes, 30 de agosto de 2011
En un momento breve de soledad acompañada...
jueves, 27 de enero de 2011
Lejos de tu lado...
martes, 12 de octubre de 2010
Un adiós a todos y dos te amo...
lunes, 9 de agosto de 2010
Casi un brindis...
miércoles, 3 de marzo de 2010
Andando solo
martes, 10 de noviembre de 2009
Esperando por un muerto
Mirando la gente pasar, el sol ponerse... Su cuerpo desgastarse día tras día. El mismo trajinar triste, la historia eterna del universo cambiante, cuestiones de la naturaleza por las cuales no tiene un objetivo fijo, acorde consigo mismo ni con el mundo entero.
Las ráfagas de viento con misión de matar buscan ahora los agujeros más grandes de sus ropas insulsas, y es en ese momento cuando extraña los brazos de su madre, las caricias de su mujer y los besos de su hija.
La falta de leche le quitó los dientes, y la falta de amor le arrebató la sonrisa. La vida endemoniada le quitó la posibilidad de conseguir un empleo y la muerte inoportuna le quitó sus motivos de vivir. Huérfano de toda alegría hoy llora porque no tiene otra salida más que esperar que el destino lo arrastre hacia su pronto sueño eterno, ya que él no puede quitarse la vida.
No recuerda su muerte, porque podría morir de hacerlo, mientras que yo acecho, mientras que yo espero. Mientras que yo sonrío al ver como su desdicha desgarra sus deseos. Mientras observo como mis actos mutilan su razón de ser.
Y así como me lleve a esos niños, solamente espero el momento exacto para presentarme ante él. Y así como hace un par de años, o segundos quizá, hice que un accidente las trajera conmigo, hoy espero que los recuerdos más tristes de su mente inútil le quiten del todo la conciencia y pueda traerlo conmigo, para así tener una víctima más en mi presencia. Hombre marcado por su sola existencia, vagará en vano hasta que le dure la resistencia, mientras tanto más gente seguirá muriendo y yo seguiré sonriendo, hombre condenado, hombre maldito, todo estaba escrito y un día de estos te llevaré conmigo.
martes, 27 de octubre de 2009
Angustia
martes, 22 de septiembre de 2009
Espérame en el siguiente puerto...
Las cosas importantes para mí no tienen significado, ahora que no estás a mi lado todo se dio por terminado. Hasta ahora los granitos de arena me susurran en silencio tu mirada, la fiereza del mar, antes por mi añorada, me dejan el amargo sabor de tu ausencia; el sol me quema menos y las nubes rechazan su forma y su sentido porque ahora no estás para mirarlas, porque las cosas más inexplicables tienen sentido cuando evoco tu ser, tu sonrisa, tu vida.
Ya hasta la brisa tiene compasión de mí. Ser un navegante en este ondeante valle de lágrimas no tendría sentido si no encontráramos, por fuerza, la razón de nuestro vivir. Y eso eras tú para mí.
Sígueme mirando, donde quieras que estés, mi amada, que todavía no se termina el mundo, ya que "mi mundo" está superditado al número de tus pasos alejándote de mí. Porque cuando miro tus ojos las cosas no parecen tan reales, se me desmoronan los sentimientos y se me rompe el corazón. Saber que tu partida no es más que un asqueroso silencio que me parte el alma en dos, uno para ti y otro para mí. Saber que ahora que el agua, la tierra, tus pasos y mi vida nos aleja hacen que me asuste de saber cuánto voy a vivir con este castigo, porque, al parecer, solamente mi último suspiro me dará la paz que necesito.
Y pues sí, ser un navegante es algo fastidioso, pero un navegante como yo lo es más. Todo el tiempo dejé atrás corazones infelices, caras sollozantes, miradas tristes. Ahora me tocaba a mí ver realmente lo que se siente que te dejen y se marchen a un lugar sin encuentro, un lugar donde ningún mapa revelará su ubicación. Saber que quién espera ahora al regreso soy yo, saber que soportar saber que no estarás.
Sigo mirando el horizonte y mientras siento que te alejas y me alejo no puedo olvidarte, y una lágrima rueda por mis mejillas, y como por cualquier motivo no quiero desperdiciar ni una partícula de tu recuerdo, me bebo la mitad de esas lágrimas, inclinando mi rostro hacia un lado y esperando a que caigan. La desdicha que me embarga hace quiera fallecer a golpes de machete, que quiera ser tragado por el agua que me rodea. La tarde se va disperasando con sus pájaros cantores y las olas entusiasmadas, que en otro momento me hubieran prometido una buena aventura, ahora solamente me dejan la desdicha de saber que nunca más el mar será mi motivación, porque ahora mi motivación es la tierra que pisaste, la tierra que nunca más pisarás, el lugar del cual te alejas y nunca volverás, ya nunca volverás.
Maldito anochecer, porqué tuviste que llevártela ayer. Sigo con la mirada fija hacia el sol que desaparece y ahora mis gemidos son más sonoros. Mi corazón agonizando pide a gritos que vuelvas a buscarme, que vuelvas a tocarme, a besarme, y miro hacia lo lejos a ver si por algún motivo olvidaste algo y te acercas a preguntarme. Buscando a tientas en la oscuridad, pruebo y me desespero, a ver si por algún sortilegio macabro vuelvo a tenerte cerca mío, pero la mente no me deja ser feliz, y ni aun por compasión me deja volver a sentirte, no me deja saber si tú también estás triste.
Las lágrimas no me dejan ni mirar y siento que me duele el corazón, que me duele en realidad el cuerpo en su totalidad, porque me prodigaste tus caricias sin pensar, sin reclamar. Ahora mi humanidad responde a este dolor del alma y el corazón, se compadece de ellos y comparte su dolor.
Mañana por la tarde volveré a esta parte de mi barco, a ver si todavía puedo recordarte saludando a lo lejos con tu sonrisa de niña ansiosa, con los brazos abiertos diciéndome que nunca más me dejarás ir la próxima que vuelva. Hubiera esperado más por parte mía para cumplir también una promesa similar a la tuya. Porque desde la primera vez que me fui y me lo prometiste siempre hubo un vínculo que nos mantuvo cerca, algo que siempre hizo que volviera, ahora que volví por última vez las cosas habían cambiado, todo estaba predestinado. Ahora la noche nos aleja aún más de nuestro encuentro. Pienso que ahora debería estar muerto, ya que este dolor es insoportable, la noche es tediosa recordando tu belleza, las ojeras que llevabas por trasnocharte conmigo. Tus manos maltratadas por tanto trabajo y esta estúpida vida, esta maldita vida, que sólo nos dejó ese incómodo sonido en el oído, el de un barco zarpando detrás mío.
Prometo buscarte en el siguiente puerto, y en el siguiente y en el siguiente, y prometo que voy a quedarme como estoy, quizás de este modo las cosas vuelvan a ser como antes, quizás de ese modo vuelvas a buscarme, y me esperes en el siguiente puerto. Quizás ahora que no puedes escucharme algo en tu ser te llame a encontrarme.
Quizás ahora puedas ver cuánto sufro por tu ausencia y quieras venir a consolarme. Pero si puedes escucharme , espérame en el siguiente puerto y prometo no marcharme, ¿no ves que mis ojos de desangran buscándote? Sigo mirando al horizonte y no quiero vivir sin antes encontrarte.
Espérame en el siguiente puerto, que aunque para mí sea el último en esta vida, prometo no volver en mi partida de ir a buscar. Espérame en el siguiente puerto que si la vida tiene que costarme, por ti me muero para que en la otra vida pueda abrazarte. Como tu bien sabes la vida tiene muchas paradas y una de ellas es la definitiva. Ahora que me lanzo al mar en tu búsqueda espero que cuando el agua salada sofoque mis pulmones y el frío de la noche me arrebate lo que me queda de tranquilidad, en mi agonía te pueda encontrar, porque tú eres mi puerto final.
jueves, 7 de mayo de 2009
Me están esperando...
Porque sólo sabes sonar sincero cuando estás lejos, y de la tristeza eres dueño. Haces cosas sin pensar, tienes ganas de llorar. Tu mirar vacilante me dice qué piensas, ahora que lo ves la vida no puede estar más muerta, mientras tu corazón quisiera dejar de palpitar.
No vas a negar que extrañas tu vida de antes, pero en la situación en la que estás no dejarías que el destino te arrebate las fuentes de felicidad que tienes. Te cogerías de ellas tan fuerte que hasta les harías daño a sus fibras más sensibles. Te romperías las uñas y aún de ese modo verías la manera de morder para quedarte cerca. Tu situación es tán triste, tan desesperante, que al parecer un sólo soplido más de melancolía sería suficiente para darte en la razón, despojarte de ella y conducirte al suicidio.
No me mires a los ojos, espejo de mi alma, que mi corazón siente tu pena. Esta condena amarga que me tiene observándote y a ti sufriendo, nos hace merecedores de la más profunda de las compasiones, esas de las que solamente se escucha cuando uno habla de un moribundo...
Pues eso es lo que eres, pues eso es lo que soy. Y ahora mirándote a los ojos, siento un gran enojo, porque sé que pudimos hacerlo mejor... Les negaste lo mejor de tu compañía, y eso que antes eran lo más importante en tu vida, antes no esperabas un segundo sin verlas, mejor era recibir la muerte completa, pero tú mismo destrozaste esa ilusión, te empujaste al olvido y a hacerle daño a ese par que era tu gran amor. Querías que llegarán a viejos y ver crecer a tus más grande amor, pero no lo lograste, ahora has perdido todo, sin excepción. Ahora también estoy triste porque por más que te grité lo que pude pudo más ese camino que tomaste que la razón.
Las sonrisas que iluminaron tu vida iluminarían la vida de cualquier mortal, y esas risas, esas risas que despertarían el alma más yerta. Sin embargo son esos los motivos de tu tristeza, no crees mercerlas y tu corazón, y mi corazón, tienen ganas de llorar.
Cuando salimos a la calle reuhímos la mirada del resto, cuando nos miran a los ojos asoman a ellos un tono nostálgico, se tornan vidriosos y el socializar pierde todo sentido práctico. Ahora que estás solo, y estoy solo, podemos acompañarnos, pues aún esta soledad es llevadera si no nos volvemos locos.
Pudiste hacerlo mejor, de eso estoy seguro, porque cuando pienso y recuerdo los momentos en los que nos preguntaban "Qué teníamos" miramos al vacío mientras decíamos "Nada". Y es exactamente eso lo que nos queda ahora que todo lo convertimos en nada.
Es más, aún estas palabras que ahora pronunciamos en nuestra mente parecen ser nada, parecen no llegar a nada, ¡es tan desesperante!, nos costó ser más ecuánimes...
Si tan sólo cuando nos pedían que les diéramos un beso lo hubiéramos hecho, las cosas ahora no parecerían tan vacías.
Y ahora que vuelvas a esa casa, ahora que me lleves para allá, procura dedicarles más tiempo, produra responder a sus preguntas, sobretodo a la pequeña, que cuando recuerdo su belleza, su tierna manera de consultarte y contarte sus problemas, se me parte el alma y rompo a llorar.
Ahora que vayas a verlas, ahora que las sientas de nuevo cerca, déjame también acercarme a ellas. Déjame decirles cuánto lo siento, déjame decirle cuánto las siento.
Para cuando me respondar pueda llorar en sus brazos, para que los pedazos de esta alma rota puedan sentir la liberación de sus abrazos. Para que pueda dejar de romerderme, para dejar de sentir que pude hacer más contigo para no perderlas.
Esta noche es tan significativa, esta noche que de nuevo me escuchas, esta noche que por fin te escucho mientras piensas. Esta noche no es, al parecer, como otras tantas noches, esta vez sí sopló un dejo de melancolía, o sería quizás tu corazón que no quería sentir más culpa. Esta noche tirado en tu cama sigues pensando que pudimos hacerlo mejor, sin embargo te perdono, te perdono todo este dolor.
Dejando los detalles quiero que sepas que te perdono por todo, que las razones para que sintieras parte de mi enojo ahora son ya insignificantes, el licor esta vez no tocó para nada en tu coraje, esta vez eres valiente por tu parte.
Y ahora, en el momento culmen, en el momento en que alzas la pistola y te miras al espejo, puedo ver la decisión en tus ojos y el temblor de tus manos, esta vez, a mi parecer, haces lo correcto, no debiste beber tanto, sino ahora, en este preciso momento, sus suaves manos te estarían sujentado, sus tiernos besos estarían paralizando esta mundana locura, si no hubieras bebido tanto ellas no estarían en el cielo por ti esperando, tu auto no se habría volcado y ellas estarían acompañándonos, pero no sucedíó así, tu vicio pudo más que sus ganas de vivir. Sé que las recuerdas gritando, mientras tu hija dormía y se despertó y mientras el auto daba vueltas de campana, murió llorando. ¿Recuerdas ahora, tan bien como yo, a tu esposa rogando por la vida de su hija? Si lo recuerdas tanto como yo, hemos tomado una decisión. Ahora que la amargura nos ha tenido mucho tiempo indecisos, esperando. Ahora que jales del gatillo tú y yo estaremos perdonados, y esta vez, allá a los lejos donde brilla el sol y se pierde la luna, lo haremos mejor.
lunes, 23 de marzo de 2009
Sin vida
Terminé de parame, la cabeza me dolía un poco. Caminé hacia el cuarto de baño prestando clara atención de todo lo que a mi alrededor podía observar. Miré un cepillo de dientes azul sobre un vaso, dentro del cual también se encontraba la pasta de dientes y una máquina de afeitar. Luego miré hacia el lavabo, había una jabonera celeste con un jabón semi-transparente, supongo que es de glicerina, que graciosa palabra "glicerina", suena similar a cocaína. Bueno tomé el jabón y dándole una sobada suave contra las manos formé un poco de espuma con el agua, luego de lo cual me lo eché a la cara, estaba medio atontado, lo noté por la absurda razón que dejé que me entrara jabón en los ojos; lo curioso es que normalmente si uno anda medio atontado por el sueño o algún dolor tiene los ojos entrecerrados, por lo cual no es normal que pase lo que me pasó. En fin, sentía ardor y picazón en los ojos, los restregué un poco, les eché agua y listo. Mantuve un momento la mirada sobre mi rostro. Estaba un tanto anormal, con una mirada de astucia, algo que no era normal, agité el rostro hacia los lados, luego de lo cual obtuve la expresión que buscaba tener, la de ligeron atontamiento. Mis cejas gruesas, mi frente amplia, el cabello largo echado hacia atrás, la nariz un tanto gruesa, los labios no muy delgados ni muy gruesos, la cara delgada, el cabello negro; miraba el espero y los ojos negros en ellos me devolvían una mirada ahora extraña. Aún ahora me pasaba, mirándome a la cara, esa sensación extraña de que han pasado años y no me reconozco una vez me miro con atención. No sé si será algo normal, quizás, en mi mente corre el vago presentimiento de dejavú, como si alguien me lo hubiera comentado antes... Sí, quizás sea eso.
Caminé hacia mi habitación de nuevo. Mi ropa se encontraba planchada, lo recuerdo, lo hice ayer... Pero, ¿sería realmente ayer?, tenía la extraña sensación de distancia en la mente, como si simplemente estuviera repasando parte de mi vida, mas no que estuviera tan cerca del presente.
Me vestí y salí del cuarto, observé mis muebles de tapizado simple de un solo color, no me gustaba el cuero, sobre todo el olor que emana. Anduve hasta la cocina y simplemente me serví un vaso con yogurt, estaba helado, lo cual me proporcionó cierto placer. ¡Ah, qué rico!, me dije. Ahora, ¡a trabajar!.
Pero a trabajar ¿dónde? Por un extraño momento no pude recordarlo. En mi mente raras imágenes de un lugar sobrio, en el cual tenía cantidad de aparatos, objetos ahora sin sentido. Pues bien a seguir adelante, recuerdo que tampoco me gustaba tomar taxi, no me gustan los buses, tampoco tener auto, aunque puedo comprármelo. Así que caminé hacia mi trabajo, estaba a unas 10 cuadras, pero iba con tiempo. Al llegar noté que me observaban desde lejos, como vigilándome. Al llegar a la puerta de ingreso de la empresa me saludaron.
-Buenos días, doctor.
-Buenos días, doctor Carl.
-Buenos días - Respondí.
Tengo una voz gruesa, otro detalle que no se escapó a mis observaciones.
-Buenos días, doctor Nicola.
-Buenos días, Max.
Otra vez lo mismo, recordé maquinalmente el nombre del portero. Pero no es esta la manera normal de recordar a alguien. ¿Porqué diablos recuerdo de esta manera? Como si todo, absolutamente todo lo hubiera visto en una especia de película. Ninguna de las cosas que están sucediendo en este instante me resultan actuales. Solamente tengo, en este instante, este sentimiento irreal de que sé exactamente en teoría quién soy, pero que no siento que soy eso.
Avanzé por la puerta recordando que mi oficina se encuentra en el quinto piso. Al subir el ascensor, luego de salidar a media docena más de personas, me encontré a unos pasos con mi secretaria, Roxane.
-Buenos días, doctor.
-Ninguna, doctor. Su periódico se encuentra en su oficina.
-Gracias, Roxane. A ver si más tarde pasas a mi oficina, requiero unos documentos, además sería bueno que nos sentáramos a conversar con un buen café.
-Está bien doctor- me lo dijo con una sonrisa malicionsa.
Pasé a mi oficina, un lugar tal como el que había recordado. Me senté en mi sillón absorto en mis pensamientos. Como sería esto posible, ¿le habría pasado antes a alguien?... Preguntas, a mi parecer, sin una respuesta determinada. Mientras más lo pensaba sentía que me iba estallar la cabeza de pensar en tantas cosas por resolver a la vez, como cuando estudiaba en la universidad... Vaya, hasta eso me parece recordarlo como por simple memoria de alguien ajeno.
Abrí los cajones de mi escritorio en busca de detalles que me llevaran a descubrir, o recordar, más sobre mí mismo. Encontré muchos objetos del trabajo en los cajones, pero cuando me faltaban abrir dos cajones para terminar, encontré en el del centro un portarretratos con cupo para dos fotografías. Dentro de una estaba una mujer conmigo en una playa, a primera vista he de confesar que es una hermosa mujer, realmente hermosa, de cabellos largos y rubios y cuerpo excelente, al menos como a mí me gustan, senos grandes y un tanto separados, cintura pequeña, y un trasero medianamente grande y firme. En esa foto estábamos sonriendo, yo le estaba dando una palmada en el trasero, algo que me gusta hacer, los dos con ropa de baño y lentes de sol, al ver donde se posaba mi mano no pude reprimir una sonrisa. La segunda foto tenía a tres personas, de esa linda mujer, esta vez un niño y yo. El niño de cabello negro, las facciones del rostro de la mujer, pero con mis cejas y mis ojos. Ahora lo recuerdo, mi hijo y mi esposa. El niño se parecía a su madre, pero ciertos detalles que lo hacían parecido a mí. La memoria me dijo que teníamos 10 años de casados. ¡Qué mujer!, pensé, y de verdad muy hermosa; en la segunda fotografía estábamos en el jardín de nuestra casa, mi hijo con unos shorts y una playera, y mi mujer con una falta corta y una linda blusita, lindos pechos. Rosa y André, mi familia, miré mi anillo de casado y me sentí de nuevo en un mundo aparentemente real, pero a la vez increíble, pues esta no parecía mi vida...
-Permiso, doctor Carl.
-Adelante, Roxane.
-Su café doctor.
-Siéntate. Primera deja mi café aquí - dije señalando un extremo de mi escritorio.
Lo siguiente que sucedió fue puro instinto. Mientras ella dejaba la taza donde le indiqué mi mano lentamente fue a parar por su pantorrilla, luego fui subiendo la mano hasta llegar al borde de su minifalda apretada. Mientras lo hacía ella iba dejando salir un suspiro de placer y cuando miré sus ojos los ví cerrados disfrutando de mis manos. Instantes después sentí que con un temblor en sus muslos se dió la vuelta y me ofreció sus pechos, fui desabotonando lentamente su blusa mientras ella se sentaba en una de mis piernas, una vez lo hice ella me daba besos cortos pero agrables en la oreja, en el lóbulo, en el cuello... Mientras tanto yo iba subiendo y bajando las manos por sus senos, ¡ah, que agradable!, a ella también le gustaba mucho, sus suspiros se hicieron más evidentes. Dejé sus muslos en paz un momento, pasando a sus pechos, le quité el sostén, lamí sus agradables pezones, ella estaba descontrolada, me levantó la cara y metió su lengua en mi boca, desabroché su falda y la fui sacando con delicadeza, una vez estuvo solamente en ropa interior, bueno una parte de ella, le di besos de pies a cabeza. Ella me quitó la camisa y me bajó el cierre de los pantalones. Metió su mano dentro y me acarició, ambos estábamos con deseos de tener sexo, sexo depravado, desmedido. Tiré todo lo que pude a un lado en mi escritorio y la eché sobre él... Tuvimos toda clase de sexo, oral, vaginal, anal. Esa mujer es un espectáculo, sus gemidos ahogados por mi mano me hacían perder la razón...
Luego de la manera más incómoda acabamos tirados en el suelo, descanzando. Mi secretaria tiene, en general, mucha similitud a mi mujer, buen cuerpo, cabello rubio, solamente que el de ella es ligeramente ondulado, y el de mi mujer lacio, pero en lo demás es muy hermosa, mi mujer y ella tienen los ojos color verde.
-Roxane, ha sido espectacular.
-Pensé que hoy iba a estar cansado, doctor. Como ha pasado todo el fin de semana con su mujer...-lo dijo incómoda, yo diría hasta celosa.
-Pues sí, pero hoy la verdad me causaste una sensación extraña, como si te hubiera visto por primera vez.
-Jaja, algo muy gracioso, doctor. Conoce hasta el rincón más escondido de mi cuerpo, como puede pasar tal cosa.
-Pues hoy me he levantado con la extraña sensación que no es mi vida la que estoy viviendo, sino como si estuviera simplemente condicionado a seguir lo que la memoria y la espontaneidad me mandan.
-Pues la verdad yo lo he sentido tan lujurioso como siempre.
-A eso es exactamente a lo que me refiero, lo que hice acariciándote la pierta fue un impulso, seguí ese impulso aún sin saber lo que pasaría - pero en mi cabeza recordaba la forma en la que me sonrió, lo que causó ese impulso.
-Como te digo es extraño que un lunes hagas esto, no sé realmente qué tienes en la cabeza, la mayoría de los hombres tienen una amante porque no están bien con su mujer.
-Tienes razón es muy extraño, tengo el recuerdo de que lo sentía raro pero dentro de lo que yo consideraba "normal" para mí, pero ahora que lo pienso es muy extraño.
-La verdad es que hoy te encuentro muy pensativo, me gusta eso, pero no es normal en una persona apasionada como tú, no te estarás volviendo loco, ¿verdad? - me miró atemorizada.
-No lo creo, pero si así fuera no lo notaría, ¿no crees?.
-Pues sí, quizás sea el trabajo, no cómo puedes trabajar tanto, descanzar, hacerme el amor, lo mismo a tu mujer y encima venir radiante a diario.
-Lo mismo pienso cuando veo todo lo que me resulta hacer lo que hago a diario.
-Bueno Carl, perdón, doctor. Tengo que irme a trabajar, no todos tenemos su mente prodigiosa.
-Adiós Roxane, consigue más lencería como esa, te ves hermosa - dije esto apretándole una de las nalgas.
-Ciao, doctor - me dijo sonriendo mientras salía por la puerta.
Roxane era mi amante, pero también mi amiga, y hasta donde recuerdo fue así como empezó todo, la afinidad, mi gusto por las mujeres de su tipo. Luego las sonrisas los momentos a solas. El resultado en general es que terminamos siendo amantes, y a diario mi oficina se convertía en el lugar en el cual terminábamos haciendo de todo. Fuera de todo esto Roxane es una mujer divertida, desinhibida, calmada, sincera, además inteligente, con la cual se puede conversar. Además ella vive enamorada de mí, me lo ha dicho muchas veces, lo cual la hace más fogosa a la hora de hacer el amor. Esto me hace recordar porqué no tengo auto, puedo demorar lo que quiera para volver a casa, o irme a un hotel con Roxane sin ser notado por el auto, fuera de que me gusta caminar. Pero sigo confundido, tantas emociones, tantos sentimientos. Sigo recordando estas cosas, vagando entre mis pensamientos sintiendo que no es mi vida la que estoy viviendo.
Acabaron las horas de trabajo de la mañana. Iniciaron las de la tarde, ahora sí me sentía cansado, tuve que leer los documentos recientes en mi ordenador para saber en qué estaba trabajando. Terminando las horas de la tarde salí, me acerqué al escritorio de Roxane, me incliné para darle un beso en el pecho, uno en la boca y un "hasta mañana".
Caminando mientras iba oscureciendo seguí preguntándome que iba a ser mañana por la mañana, si todos los días iban a ser iguales a este, con tanta confusión, tanta incertidumbre.
Llegando casi a la esquina cerca de mi casa me cruzé con unos hombres vestidos de negro. Me saludaron con mucho apuro.
-Buenas noches, ¿el señor Carl Nicola?
-Buenas noches, con el habla, qué desea de mí, ¿señor?
Lo siguiente que supe fue que el que me habló me hizo algo en el cuello, luego de lo cual todo fue oscuridad.
Desperté con la misma sensación de un lugar extraño. Estaba atado a una camilla. Delante de mí ya no estaban los hombres de negro, pero sí un hombre de barba blanca, aspecto de no muy anciano, pero sí de mucha inteligencia. Alrededor de la camilla en la que estaba acostado, totalmente desnudo, habían muchos aparatos que parecían demasiados modernos para la época.
-Carl Nicola. Mucho gusto, doctor.
-¿Quién es usted?
-Qué modales, Carl. Yo te enseñé a tratar mejor a la gente.
-Pues soy un hombre educado, señor. Pero la manera en la que me han...
-¿Decías? - dijo el científico con una sonrisa.
-Usted, usted, es ... ¿es mi padre?
-Pues Carl, por así decirlo, no soy realmente tu "padre", aunque tecnicamente sí.
-¿Qué quiere decir?
-Pues verás, no soy sentimental, como mis colegas, y los logros que hice contigo fueron muy grandes. A todo esto, soy tu creador.
-¿Cómo que mi creador?. Al parecer quien está loco no soy yo. Suélteme señor, por favor, tengo esposa y un hijo.
-Y al parecer también una amante muy hermosa.
-¿Cómo sabe eso?
-El experimento fue un exito - ya se habí dado la vuelta y estaba buscando algo entre los objetos alrededor de mí.
-¡Señor a qué se refiere! ¡¿Acaso me ha estado espiando?! ¡Suélteme!
-Silencio, Carl. Nadie te oye. El experimento ha terminado, por tal te voy a explicar todo, aunque no tiene sentido y soy una persona que trabaja con lógica voy a probar un poco más de ti con lo que te voy a decir. Eres un robot, un experimento, un ser netamente hecho por el hombre, mas no eres un hombre, ergo simulas uno, y muy bueno, debería decir. Yo te programé, desde tus inicios, ayudado obviamente por otros científicos que me ayudaron con tu interfase físicas, tuve mucha ayuda de sicólogos, médicos, eres un gran avance para la ciencia, Carl.
-Señor, usted está loco, por favor, suélteme. Le puedo dar lo que quiera...
-Carl, Carl. Lo que quería ya me lo diste, la satisfacción de ver que el trabajo de toda mi vida fue un éxito. Mira, todo un equipo ha trabajo alrededor de 20 años en tu desarrollo, eres un prodigio para la ciencia.
-Mire así eso fuera cierto, soy un ser vivo, pensante, tengo vida necesidades, familia. Tengo una razón por la cual vivir.
-Es cierto, es cierto, tienes una esposa y una amante con las cuales copulas como un animal. Un hijo que te tiene cariño y al cual tú le has tomado mucho cariño, pero todo eso también es simulado Carl, no te has movido de esta camilla desde que hicimos el primer armado de tu interfaz humana. Simplemente te has movido para hacer exámentes y pruebas de motricidad.
-Pruébemelo, señor, es algo realmente inconcebible.
-Espera un momento y voy a hacer lo que dices - dicho lo cual fue hasta un extremo de la habitación y trajo un espejo cerca de mí.
Acto seguido inclinó el espejo hacia mí y empezó a rebuscar entre mi cuello.
-Señor que va a hacer, por favor no me haga daño.
-Tranquilo Carl. Simplemente calla y observa.
Luego tiró de la piel de mi cuello, luego de lo cual empezé a gritar, y cuando me miré en el espejo noté que simplemente tenía delante mío metal y conectores que nunca antes había visto en mi vida. Ojos como humanos, y toda clase de aparatos sofisticados, con los cuales podía generar expresiones. Lo que ví me dejó callado en ese mismo instante. Era algo impresionante, increíble, horrible.
-Señor, ¿Qué me ha hecho?.
-Carl, tú siempre fuiste así, cálmate hubiera sido peor si te hubieras visto antes de implantarte la piel, no hace mucho que la tienes. Ciertamente te di todas las características de un hombre humano, mas no te di la capacidad de entender lo que realmente eras, la siguiente generación de robots tendrá que tener eso, o estaremos en serios problemas.
-Señor y mi esposa, mi hijo, Roxane...
-Todos productos de la memoria que te creé, increíble, ¿verdad?
-Ya veo, con razón tenía todo el tiempo esa sensación extraña, de que todo a mi alrededor era irreal, de que había algo más allá.
-Pues para ti, Carl, no existe "algo más allá", ciertamente...
-A pesar de lo que me dice, no dejo de preguntarme... ellos... ¿van a morir?
-Nunca estuvieron vivos.
-Pero, ¿no puede dejarme vivir?. Es como matar a una persona, yo tengo una vida, tengo familia, tengo hasta una mascota - de mis ojos querían salir lágrimas, y hasta pensé que caerían, pero noté que ciertamente no iban a caer jamás.
-Todo lo que tienes, Carl, son emociones, sentimientos, recuerdos, cosas que yo mismo te implanté para que parezcas más humano, y la simulación salió a la perfección.
- Cómo es que puedo tener detalles en la cabeza como mis gustos carnales, mis gustos para los alimentos y hasta para mis necesidades de excreción. No entiendo, cómo es que hacen esto, para qué.
-Pues para lograr reemplazar muchos huecos que los humanos dejamos, niños huérfanos, lugares donde se necesite ayuda humana, incluso un robot tiene un físico mejor que el humano. En mi caso particular fue el trabajo de mi vida así que la vanidad también me mueve.
-No deberían hacer esto.
-Y porqué no. ¿Qué podría salir mal? Fue un gusto haber conversado contigo Carl, eres mi orgullo. El experimento llegó a su final, ahora te vamos a desconectar.
-¡Nooo! No, por favor, no lo haga! Entienda, por favor, mi hijo, mi mujer, esto es una locura...
-Exactamente, sería una locura dejarte seguir simulando, eres solamente un robot, Carl, por favor, además una vez desconectado todo terminará.
Dicho eso me conectó a una computadora, por un agujero detrás de mi oído. En una pantalla se veían un montón de códigos fuera de mi entendimiento. Luego con un pulsado de botón final sentí como mi vista se iba debilitando y poco a poco iba perdiendo la razón.
-¡Nooooo! ¡No me hagan estoooooo! ¡No!...
-Silencio Carl, ya va a terminar todo, jaja, fue muy buena tu programación.
-No...
Desde ese momento todo fue oscuridad y aquello que pudo sentir luego, nadie lo sabrá y si queda algo de lo que nosotros llamamos "alma" en él, pues solamente se puede adivinar, ya que si él emite los gritos ahogados de un "alma" sin cuerpo, nadie lo oirá.













