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martes, 30 de agosto de 2011

En un momento breve de soledad acompañada...

Mientras veo la habitación donde descansamos a oscuras y escucho la forma en la que le enseñas  a nuestra hija cosas del colegio, recuerdo con nostalgia los momentos en los que mi mamá lo hacía conmigo. La música que suena en los parlantes de la portátil me hacen sentir más nostálgico aún. Sentimientos encontradas fluyen a través de mis dedos y esta vez, luego de mucho tiempo, siento nuevamente algo de soledad mientras no estoy solo, esa tristeza efímera de no poder retribuir de la forma en la que se merece tan grata compañía...

Mi isla de recuerdos premeditadamente me pedía una pizca de atención en una tarde que se va convirtiendo en noche. Veo la pantalla alumbrando el anillo de mi dedo anular derecho y nuevamente siento más nostalgia, siendo ahora un padre de familia mi memoria pide un homenaje a los tiempos pasados. Pensando en las fotos con olor a pasado, en las sonrisas grabadas sobre papel, en los videos que tenemos en alguna caja guardada, y en las anécdotas que uno no se cansa de oír en la mesa. Por todos esos momentos que ahora alimentan mi voluntad y le dan fuerzas.

Todo lo que ahora sé se lo debo a la constancia de dos personas. Esto se hace tan confuso si se mira desde otra perspectiva. El tiempo va avanzando y los pasos que doy hacia adelante me van acercando más hacia mi propio origen, tiempos aquellos en los que aún usaba solamente lápiz y el borrador rojo y azul. Tiempos en los que ya me daba cuenta que mis manos no eran útiles para escribir algo con letra bonita o pintar de manera decente, en los que  alguien me tuvo paciencia, como ahora la tenemos con nuestra hija. Tiempos en los que la vida era fácil y uno simplemente se dedicaba fantasear sobre su cama sobre cosas que podría hacer si la imaginación se convirtiera en realidad.

Han pasado aproximadamente 18 años desde esos días, el cabello de mi madre se ha hecho cada vez más canoso, y el de mi padre lo es aún más,  el amor que uno va sintiendo va madurando, el tiempo aligera el corazón acelerado de las personas jóvenes y convierte nuestros sentimientos efímeros y perennes en marcas de tinta indelebles grabadas para siempre en la superficie de nuestros recuerdos más hermosos.

Sigo escuchando como cantan las protagonistas de mi actual vida la canción que viene sonando ahora y se me vienen más recuerdos a la memoria, canciones antiguas, el techo de una casa alta, alegre porque se estaba en familia, los programas televisivos del año 94, la música de esa época, la ropa que usaba la gente, tiempos en los que la preocupación principal de no haber hecho las tareas del colegio, mi principal debilidad.

Recordando cómo me sentía veo con orgullo a mi hija y escucho como adapta su mente aún en entrenamiento a las ciencias que el ser humano ha ido desarrollando, el orgullo sigue llenando mi corazón de alegría. Me quedo pensando por un momento la manera de definir lo que siento al recordar y ver cómo ha escrito su nombre.

Los años han pasado y van haciendo mi cuerpo viejo y mi corazón cada vez más joven. Todo esto me ha dado una pausa tranquila para poder recrear por unos breves momentos mi vida anterior a esta, el tiempo siendo simplemente hijo...

La noche ha caído ya y solamente espero a que termines de hacer tu tarea para poder ver la tele juntos, sigo escribiendo y recordando los cabellos sobre tu carita concentrada, pintando o escribiendo. Absorto ahora en mis pensamientos, mientras mis dedos dejan transcribir lo que tengo grabado a fuego, estoy seguro que para siempre, en mi memoria me descubro sonriendo y comparando mi infancia con la tuya, y noto que tenemos muchas similitudes, la forma en la que nos distraemos, en la que fruncimos el ceño cuando estamos concentrados, la forma orgullosa que tenemos de hacer por nuestra cuenta todo.


Ha pasado un buen rato y me siento sumamente alegre de notar que aún en los momentos en los que escapo del mundo entero para ensimismarme puedes alegrarme la existencia. Sé que esto se aleja un poco de lo que estoy acostumbrado a escribir, que considero poesía, pero el sólo hecho de ver a una madre enseñando y a su hija aprendiendo ya es, de por si, poesía pura, y creo que lo entenderás cuando puedas leer todo aquello en lo que logro convertir un par de ideas dispersas en un momento de inspiración.

Simplemente por ustedes que alegran mi vida día a día, mi hija y mi esposa, las personas que hoy tomo de las manos para seguir mi camino. Las amo como lo que nunca antes existió para el amor. Y para mi familia completa, los gestores de mi felicidad sin límites, que el tiempo los guarde siempre conmigo, como lo hacen ahora que me siento con ganas de tenerlos a todos cerca. Este momento, después de tiempo, de escribir algo es por todos ustedes.


jueves, 27 de enero de 2011

Lejos de tu lado...

Poco a poco fui avanzando a un ritmo más acelerado que el tuyo, poco a poco me fui alejando de tu lado. Sentimientos que no me ayudaban a permanecer contigo, sentimientos que traicionaron nuestro momento sagrado. 

El alejamiento infinito de tener que no tenerte que mirar todo el tiempo... La pura y simple ironía de no querer no poder apreciarte noche y día. La nostalgia interminable de tenerte al lado y no saber si estás tan cerca o tan lejos como antes, y  las no ganas de querer comprobarlo.

Los momentos a tu lado se tornaron tormentosos y todo alejamiento tuyo era un motivo para ya no extrañarte. Apreciando las cosas de la vida, dejé de apreciarte. Los largos momentos de letargo atados a tu sonrisa, a la capa de ternura que cubría mis sentimientos, las cosas que vivimos, todo ello nos proporcionaba un motivo más para desmerecer esta paz eterna de encontrarte en mis pensamientos a cada momento.

Espero todavía el poder entender el porque de mis acciones pasadas. Pero todo se vuelve tan nublado cuando vuelve el pasado, y todo tan claro cuando aprecio los instantes actuales en los que respiro un nuevo pensamiento.

Recorrí tantos lugares, y desde la primera vez que dejé de tener la necesidad de volver a tu lado, no retorné jamás, no volteé la cabeza ni por un instante. Presenté mis motivos más rimbombantes a tu mirada para no sentirme desgraciado, para no tener que volver a sentirme comprometido, presionado. Aún las cosas más cuerdas se me hacían una inmundicia, el pensamiento de tener que estar contigo por el simple y puro cuento de que los amores eternos sí existen, que no se han acabado.

La razón por la cual no se cuentan a detalle el transcurso entre el amor y la muerte de los famosos amantes de los cuentos de hadas se me hacía muy claro. Solamente bastaba con notar lo extrañamente triste que es estar atado a una historia,  la de querer dejar algo a la memoria...

Mi corazón fue creciendo y mis heridas sanando, la sombra de tu alma, que me arrullaba todas las noches, esta vez me oscurecía el frescor de mis años jóvenes. Recorriendo el mundo de tu mano me percaté que todo es diferente estando lejos de tu lado, sintiendo la lacerante verdad de que la libertad es mejor que tener una cuerda gruesa de sentimientos atrapándote las manos.

Toqué tantos corazones con mis manos desnudas, alcancé a conocer a tantas personas, que por un momento el conocerte se me hizo mundano, avanzando en el sentido del viento me alejé de tu lado, mientras la brisa refrescaba mi espíritu sereno, tan calmo, tan distante y tu amor tan lejano.

Tantas otras realidades conocí mientras guardabas tu distancia, tantas veces me sentí extasiado lejos de tu costado. Tantas fueron las veces que mi boca no extrañó tus senos, tanta las veces que tu sexo ya no me era necesario. Conocí a tantas mujeres, me acariciaron cuantas suaves manos. Convertí otros cielos estrellados en momentos románticos, tomando otras cinturas entre mis brazos, regalando mi sonrisa a otras testigos de mi  mejor argumento, regalando sentimientos arreglados. Tantas bocas me dieron de pronto la bienvenida, mientras que el tiempo pasaba y tu recuerdo quedaba relegado. Tantos días soleados que pasé lejos de ti, tantos momentos en los que ya no te necesité. Me alejé del borde de tu lecho para levantarme luego de la cama en la que descansaban otros cuerpos, dejé de darte besos de buenos días por simplemente alejarme de otras habitaciones al amanecer. Por buscar un calor diferente al tuyo...


Tanto vivir mi corazón se volvió fuerte, vigoroso, las cosas ahora tenían mas sentido, la cúspide de mis vivencias las viví sin ti, ahora que me siento lejos veo cuánto aprendí. Cuánto tuve que olvidar. Tantas formas diferentes de tocar que aprendí, tantas formas de amar y ser amado experimenté. De este modo fue pasando mi tiempo y el tuyo también.

Mi corazón envejeció y mientras eso iba pasando, me sentí triste, me sentí alegre, me sentí eterno y me sentí temporal, de tal forma que todo ahora tiene su lugar. Mientras tanto nunca giré la cabeza para ver cómo habías quedado, nunca lo hice para no recordar las cosas que había pasado a tu lado. Sin embargo esta vez ya con el corazón cansado sentí que era momento de parar, de pausar por un momento.

Mis pasos que recorrieron el mundo entero daban marcha atrás esta vez, haciendo memoria, y pensando en ti, sentí que no pude dejar de pensarte, que todo lo hecho lo había hecho por no estar a tu lado, sentí tantas cosas, cometí tantos pecados, he vivido cosas increíbles y he sentido que todo estaba ordenado. Y ahora que veo que el mundo entero se ha tornado a mi favor, noto que todo ha sucedido porque no he estado contigo. Que todas las cosas vividas por mi vida las había vivido contigo, que todo eso tú lo habías sufrido y yo lo había gozado. Nunca vi tus lágrimas caer por mirar hacia adelante, nunca escuché tu llanto por oírme cantando. Tiempo después noto lo pasado.

Ahora que vuelvo la cabeza noté con sorpresa que estabas detrás mío, me habías seguido de cerca, me habías estado cuidando. Curando mi corazón lleno de tierra, sucio por tanto haber caminado. Cuando por fin mis ojos llorosos notaron que tenías los brazos abiertos, pude sentir todo lo que habías pasado, pude ver que me seguías amando,  pude ver que tu corazón seguía limpio, con tantas lágrimas que habías derramado, dejando atrás de ti un rastro casi imborrable de amor infinito. Mientras miraba eso me di cuenta de cuánto hemos vivido juntos, de que a pesar de haberme engañado seguía perteneciéndote, y que cada línea oscura sobre el camino es un rastro de tu llanto, de que era mi deber limpiarlo, y ya contigo en mis brazos iba a tener que recorrer el camino de vuelta. 

Hice tantas cosas para buscar mi verdadero origen, probando miles de sabores de sentimientos para sentirme a gusto, gastando tantos momentos pertenecientes a otras personas, viviendo de almas como un parásito, nada de ese sentimiento de constante pesar había cambiado.

Sólo ahora, comparando tu corazón aún joven, limpio, con el mío viejo y arañado, contigo en mis brazos sintiéndote cerca, me sentí nuevamente en casa, sentí nuevamente el volver a mi hogar, mi lugar.

martes, 12 de octubre de 2010

Un adiós a todos y dos te amo...

 Que no se eleven las nubes de polvo en el cielo. ¿Qué pasa? Hasta hace cinco segundos la noche se anunciaba tranquila, ahora las notas de una catástrofe intoxican el ambiente con sus gemidos color vejez.

Miro hacia la extensión de cielo que se me donó este anochecer, miro a mis amigos, y no comprendo, ¿qué está pasando? De pronto las nubes dejaron de existir, las risas y las bromas sonaron distantes. Algo tiñó el cielo con un resplandor desesperante.

Subo a mi vehículo preocupado, mientras tanto, todos me miran extrañados. No termino de encender el motor cuando de pronto la tierra empezó a lanzar sonidos guturales, los pigmentos del aire olieron a rosas y sangre a la vez, con terror pensé en alejarme de ese bar.

Aceleré muy asustado cuando de pronto un poste cayó sobre el parabrisas dándome un par de vidrios en la nariz y la mejilla derecha.

Salgo corriendo y veo que todo lo que atrás había parecido sencilla y despreciablemente divertido por unos instantes, ahora se había tornado estúpido, ahora volvía a mirar y ya no habían risas sino caras de aturdimiento, la estupidez colectiva se había adueñado del grupo con el que compartía, todos se miraban con los ojos casi desorbitados diciendo groserías y tratando de comprender también lo que hacía tres minutos me estaba preguntando yo, ¿qué diablos estaba sucediendo?, por efecto de la preocupación no supe que contestarme pues tampoco conocía la respuesta, así que en la fracción de segundo que me tomó pensar aquello simplemente di la vuelta y empecé a correr.

Ningún paso parecía aterrizar sobre la pista, todo me parecía salido de un cuento de terror, sólo necesita correr dos calles más y doblar, luego de eso el camino sería más despejado, pero me costaba trabajo avanzar si quiera un paso más. En ese momento me sentí más compungido que nunca, las cosas no resultaron como las esperé, al parecer la noche no terminaría de forma divertida.

Teniendo este y mil pensamientos tontos más seguí avanzando como pude. Las cosas no iban mejorando, porque si bien mi vehículo bloqueó parte de la pista aún habían algunos a los cuales las paredes que caían o los objetos pesados no pudieron dañar sus autos o camionetas. En ese instante escuché bocinas de todos lados, me martillaban los oídos, tuve que saltar hacia la vereda en el preciso instante en que un auto me golpeó la pierna derecha, haciéndome gritar de dolor. No había nadie para ayudarme.

Me levanté como pude y cada paso era un tormento, parecía que tenía muy magullada la pierna. Cuando ya me faltaba sólo una calle los oí, gritos de desazón de las personas que no podían salir de sus casas, niños que se les oía toser por el polvo en el ambiente, y a lo lejos, parecía que el mismísimo diablo se reía a carcajadas.



No supe en qué momento paró el terremoto. Yo ya había pasado el banco de esa calle hacía unos minutos, cuando volteé a ver todos los vidrios del local se encontraban regados en pequeños trozos. Ahora las quejas me acompañaban a donde iba,  una mueca de pena llevaba mi cara como insignia cuando se reflejó en otro auto aplastado por el semáforo de la esquina.

Cuando doblé la calle comprendí que era sólo el inicio de mi infierno de aquella noche. Había varias persona en el suelo regadas, con las extremidades raspadas, magulladas o simplemente rotas. Gente que quedó con la misma expresión de susto antes de morir. Aquello era insoportable, distinguí algunos conocidos entre los muertos de la pista. Algo me decía que esto no era un sueño. Casas semidestruidas y gritos de personas que rogaban a alguien que pasara les permitiera salir de su prisión de muerte. 

Personas que, como yo, aún seguían caminando, llamaban a gritos a sus familiares y seres amados, sin que hubiera respuesta alguna más que gritos de otras personas que buscaban. Llantos de madres, de padres, gemidos de hijos e hijas, y el ambiente que sabía a muerte y a ganas de saborearla por fin.

Esta vez mi camino era más largo, requería correr cinco calles más y luego doblar hacia la izquierda. Esta vez se me había olvidado el dolor de la pierna, tantas cosas podrían estar pasando en casa. Mi hija preguntando que pasa y llorando, mi mujer asustada esperándome.

Seguí intentando correr solamente para darme cuenta que ya casi no sentía la pierna, llegue cerca de un billar donde había empezado a jugar en las vacaciones pasadas, los dueños estaban dentro, muertos, el techo les había caído encima y su hijo se limitaba a llorar tratando de despertarlos, sin importarle si las paredes le caían encima.

Me arrastré otro tramo más con indignación, no podía demorar más. Pasó otro amigo corriendo, y me dijo que su casa se había caído, se lo había contado un vecino. Toda su familia estaba a salvo, excepto su madre. Ahora nada se podía hacer. Se alejó corriendo y algo me dijo que no volvería a recuperarse si todo esto acababa, no me preguntó qué hacía, porqué con todo cayéndose no me levantaba del suelo, se fue y a los lejos oí una risa frenética, era la suya.

Mientras ocurría esto noté que había gente metiéndose a las cosas, hombres con armas, y al poco rato, más gritos.

Encontré un palo en el suelo, que logró ayudarme para apoyarme, cuando me enderecé la pierna noté que algo pegajoso se había quedado en mi mano. Logré avanzar media calle más para casi ser aplastado por una pared.

En dos segundos pasó algo extraño, de pronto el mundo se vino a bajo, escucha una milésima de segundos antes un chirrido, cuando me vi cuenta mi cara estaba aplastada de modo extraño contra el suelo, me di cuenta que tenía la nariz rota, y con el mundo al revés noté que un auto se alejaba. De pronto, ya sin ninguna clase de esperanza, abrí la boca para gritar y mis dientes cayeron en grupo a la pista. Cuando giré como pude mi cuerpo me di cuenta que tenía rota las dos piernas. Miré hacia el cielo, que tenía la misma nota de ironía, el ambiente seguía oliendo a rosas y sangre.

Pudo haber pasado  medio minuto o media noche, de pronto escuché a mi hija.

-Papito, papito, ¿qué tienes? levántate -me dijo casi llorosa.
-Amor, mírate como estás, qué vamos a hacer -me dijo mi esposa.
-No te preocupes, bebé, déjame aquí, ¿dónde están todos? -dije.

De pronto note la hinchazón en sus ojos por el llanto.
-Todos han muerto, las paredes no resistieron y he visto a tu hermana cuando ya se estaba ahogando.
-Papito, levántate, vamos rápido.

De pronto caí en la cuenta que esto no podía ser realidad, la quedé mirando por unos momentos.
-¿Qué piensas hacer?
-Yo salí a buscar a mi familia, espero que todos estén bien, amor, lo siento mucho.
-No te preocupes...

Los gritos se seguían oyendo alrededor nuestro y de pronto de mis ojos brotaron lágrimas, todo había sido por ellas, sin embargo el nudo que se hizo en mi estómago no me hubiera permitido levantarme, así hubiera estado con las piernas en buen estado.

-Amor, ¡Amor...!
-¿Qué? Qué pasó...
-Amor aquí va a pasar algo peor si no nos vamos...

En ese momento mi hija corrió hacia la vereda porque vio mi celular tirado en el suelo, todo pasó en cuestión de segundos, mi esposa corrió a traerla justo cuando la pared se les venía encima, y mientras en cámara lenta estiré el brazo para advertirle, lloré, lloré como no había llorado en toda mi vida, llore por todos los gritos que había escuchado en mi transcurso hasta aquí, lloré por todas aquellas personas que estaban siendo robadas y violadas en ese momento.

Mientras la pared alargaba su sombra sobre mí pude ver la cara de ambas, que se me quedaron grabadas como una cicatriz en mis ojos, mi hija con su cara de no saber dónde estaba y ella también con una lágrima saliendo de sus ojos, diciéndome adiós y un "te amo".

Volteé los ojos hacia arriba aún mirándolas en mi mente, y deseando que la pared se apurara más, hubiera preferido morir antes que verlas así, a pesar de todo aún era un cobarde. Mientras sentí la presión en el cráneo, la muerte me dio el tiempo suficiente para también poder decir adiós a todos y dos "te amo".

lunes, 9 de agosto de 2010

Casi un brindis...

A veces cuando el día es triste, como ahora, una nota que el cielo no sonríe, las gotas de nube quieren caer y a la vez no, como las lágrimas de un niño avergonzado.

En esos momentos uno recuerda los pasajes cumplidos, los hechos pasados, las anécdotas divertidas, los momentos compartidos y el tiempo regalado.

Momentos en los que uno quisiera arrastrar situaciones antiguas tomadas a la ligera, que al parecer nunca volverán, cosas hermosas que se llevó el tiempo, razones absurdas por las cuales los rayos de sol se niegan a alumbrar.

Por las personas que dijeron "adiós" sin despegar los labios, que dejaron una profunda e imborrable cicatriz en nuestro corazón con forma de estela, como cuando una estrella fugaz surca el cielo y nos deja la esperanza de ver nuestros sueños cumplidos. Ellos forjarán eternamente cadenas gruesas en nuestro corazón y atraerán a nosotros llanto sin lágrimas ni gemidos, abrazos nostálgicos y vacíos, paseos en solitario por una vereda conocida.

Por aquellos que lograron despedirse, o no, sin embargo nuestra razón tenía la certeza de que un día partirían dejándonos solos por siempre, que ya no se encuentran con nosotros pero su recuerdo siempre reconfortará nuestros corazones, alentándonos a seguir, haciendo que sus deseos, nuestro legado, nos obligue a sentirnos casi tranquilos, expectantes, queriendo hacer sentir orgullosa a una ilusión perteneciente a un pasado impenetrable. Ellos nos hacen abrazar con desazón una prenda con su aroma, haciéndonos sentir protegidos, o protectores, acurrucar en nuestra mente una escena pasada con una copa de vino en una mano o quizá el humo de un cigarro brotando de nuestra boca, nos hacen abrir los labios para contar sucesos a su lado, sentirnos un instante cansados, sin ánimos...

Por todos aquellos que por alguna razón, conocida o sin conocer, ya no nos hacen sentir acompañados, por un amigo perdido, por un familiar muerto, por un amor extraviado, por aquellas personas que vuelven, por una décima de tiempo a nuestro lado, porque convierten nuestro corazón en una joya gastada, un disco antiguo y rayado.

Por ellos hoy mi escritura atrae a los recuerdos, por aquellos que nos hicieron reír y sentirnos seguros, para aquellos a los que debemos tanto sin poder agradecerlo, para ellos hoy estos simples versos.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Andando solo






Dando pasos sin parar, sin dudas ni pausas, camino lentamente hacia un rincón escondido. Mis pasos no dejan huellas sobre la tierra, porque mi sombra incansable las oculta, las mantiene lejos de la soledad que me persigue.

Camino en una noche de luna, de luna llena, y me persigue una estrella de extremo fulgor, me persigue tu amor. Cambia el paisaje de tierra a arena y la luna me sigue regalando su luz, que no es mejor que tu luz. Mi luciérnaga enamorada, no me dejes nunca, no me sueltes jamás, mantén las estrellas brillando así, aún más quizá, con tu hermosura que no tiene fin. Árboles y tristezas compactadas me miran pasar, y no hacen nada por ayudarme a encontrarte, simplemente lloran por mí, tu ausencia.

Noche vacilante que me mira pasar caminando, las cosas que antes me tenían pensando, hoy me propagan dentro una paz infinita, perenne, inamovible, extraña. Una paz que solamente se conoce cuando no existe nada más, cuando solamente somos tú y yo.

Por tu sola mirada no me basta regalarte esta luna llena, entera, redonda y perfecta, con sus manchas grises dibujando tu nombre en el cielo incomprensible que veo esta noche. Camino decidido con una mochila a la espalda, con tu nombre escrito escondido tras un bolsillo donde guardo mis recuerdos. Me doy al trabajo de cada dos latidos y medio estirar el brazo y buscar que se encuentre cerrado ese bolsillo, con una obsesión absurda de que alguno de ellos se escape inesperadamente del contenedor más cercano que tengo a la mano, el cual elegí para no olvidar jamás el motivo de tu nombre al lado de mi nombre.

Esta noche que camino solo te extraño más que nunca. Esta noche me siento aún más enamorado, inspirado, porque existen noches como ésta donde me devano los sesos tratando de escribir la fórmula más perfecta para seguir enamorándote, dejándote sin aliento, estrechándome con más fuerza para no tenerme más lejos.

Y en las noches en que no quiero escribirte simplemente te pienso, y esa sola idea de verte pronto me mantiene con vida, y cuando te tengo cerca simplemente te disfruto de principio hasta mi muerte. Escucho el silencio, ese mutismo que me trae más recuerdos de una noche similar. 


Escucho la noche sorda y en silencio, ese silencio innato que le pertenece solamente a la soledad perpetua. La sangre que emana de los árboles me tienen maltrecho con tanto dulce aroma a nostalgia de muerte. Pues la muerte es mi peor compañera en esta ausencia de tus manos, en ausencia de ti, por eso sigo caminando, buscándote...

Las anomalías de la naturaleza me tienen sin respiro, pues soy yo también una anomalía, y lo eres también tú... Cómo podría vivir sin ti, ahora que vivo contigo. Como podría evitar que proyectaras tu luz de sol saliente, cómo podría evitar mi corazón suspirar cuando te encuentro desnuda, pegada a mi pecho, suspirando a un mismo punto de reloj. Cómo podría dejar de pensar si quiera en tenerte entre mis brazos, si mis brazos fueron creados para estrecharte.

Porque no sé ser si no estas, soy otra persona, no soy yo mismo, soy otro, no valgo la pena si tú no estás. No logro estar acorde con la melodía de mi vida, los segundos se me tornan marchitos y el día lluvioso pierde su belleza de princesa danzante. Toda cosa sombría que llama mi atención pierde total sentido cuando me haces falta, cuando no sé dónde hallarte.

Esta lejanía me tiene embobado, me tiene acechante, pensando que en el primer momento que te vea debo echarme a tus brazos, que aunque sean más pequeños, podrían almacenar con tu belleza el mundo entero, sigo contando mis pasos hasta poder apreciarte, besarte...

Llevo años esperándote, queriendo saber dónde hallarte, y han tenido que pasar años de tristeza, de soledad compartida, para poder tenerte. Momentos como estos, en que el aire escapa de mis pulmones, momentos en los que me faltas para respirar...

De todas las formas de pasión que he soñado, la manera mas apasionada de pensar y de amar la he encontrado contigo. De tantas cosas que viví todas aquellas por las cuales vale la pena vivir, las he vivido contigo. De tantos momentos juntos no existe mejor momento que el ahora, que estamos juntos... sin embargo ahora no lo estamos...


Sigo caminando para comprobar de una vez si no eres un hada que aparece con cada nota de tristeza que entona mi corazón, pero tu cuerpo es humano. Tu alma, corazón, sonrisa y ojos sin embargo son más celestiales que todas las estrellas y la luna con su más hermosa cara.

Sigo caminando para ver si te encuentro otra vez grabada de punta a extremo en mi enamorado ser. Te siento con solo pensarte, te reconozco con solo respirarte, te extraño con no verte, quiero tenerte por siempre mía, mía.

Sigo caminando y caminando a ver si los aires venideros me regresan a casa, si las estrellas me guían más cerca. A ti, mi casa, mi mundo a parte, mi eterno refugio.





martes, 10 de noviembre de 2009

Esperando por un muerto


Sus ropas de tiempo añejo, sus ganas de color marchito. Las arrugas que acentúan sus expresiones tristes del tamaño del mundo entero. Su alma con voz agonizante. Su cuerpo de consistencia muerte.

Mirando la gente pasar, el sol ponerse... Su cuerpo desgastarse día tras día. El mismo trajinar triste, la historia eterna del universo cambiante, cuestiones de la naturaleza por las cuales no tiene un objetivo fijo, acorde consigo mismo ni con el mundo entero.

Alza las manos para pedir ayuda, sin embargo todos pasan y lo miran de modo despectivo, y de cada quiénsabecuantas personas alguna de ellas se remite a echarle una moneda. No tiene un sombrero donde las echen, y tampoco vaso ni cuenco, símbolo de su pobreza. Solamente porta como insignia primera su desoladora tristeza, portadora del hambre de su estómago y de su alma, ladrona de su virtud. El propio aire putrefacto que emana de sus pulmones lo hace tiritar, pedir a gritos abrigo, sin embargo nadie lo escucha, por eso perdió el habla, por eso perdió las palabras.

Nadie sabe cuantas cosas pasaron que pudieron haberlo arrojado a pedir dinero, a pedir una cura para su alma con cáncer de depresión, y por supuesto a nadie le interesa; mirando los niños pasar de la mano de sus padres comprende el porqué de sus sonrisas, frunce el ceño y hierve en su sangre el odio, porque envidia su confianza, porque envidia el hecho de exista su compañía mutua.

Sin embargo cuando ve a los niños que, como él, no son más que dueños de su propio cuerpo y alma, piensa el porqué de su castigo, el porqué de que la vida se torne tan dificil para la gente desdichada y sin una sola moneda en el bolsillo zurcido de su pantalón roto. El porqué la gente pierde a sus seres queridos.

La necesidad los volvió egoístas, amargados, malditos, pues vió a tantos pequeños morir de hambre bajo el puente, que es donde duerme, con las cucarachas y las ratas de compañeras y de alimento, sin más abrigo en su cuerpo que su camisa desgastada y su pantalón roto, sin más protección en sus pies que sus zapatos regalados, y ya destapados, dejando a su paso huellas tan profundas como el color de sus ojos.

Después de tanta indeferencia la palabra "gracias" se borró de su vocabulario.

Dejó de mirar al horizonte con esperanza, porque la esperanza simplemente es un acto vano de tratar de que todo parezca mejor, además que la pobreza y la inanición le despojaron de la buena vista.

Las ráfagas de viento con misión de matar buscan ahora los agujeros más grandes de sus ropas insulsas, y es en ese momento cuando extraña los brazos de su madre, las caricias de su mujer y los besos de su hija.

La falta de leche le quitó los dientes, y la falta de amor le arrebató la sonrisa. La vida endemoniada le quitó la posibilidad de conseguir un empleo y la muerte inoportuna le quitó sus motivos de vivir. Huérfano de toda alegría hoy llora porque no tiene otra salida más que esperar que el destino lo arrastre hacia su pronto sueño eterno, ya que él no puede quitarse la vida.


Y lucha por su existencia porque las personas que lo eran así lo quisieron y cada vez que escucha un grito clamando auxilio se le escarapela el cuerpo. Maldice las horas en que tuvo familia, mientras que en otra parte de su mente siente como su corazón llora por aquellos sentimientos tan estúpidos, por haber maldecido lo más hermoso que pudo tener jamás.

No recuerda su muerte, porque podría morir de hacerlo, mientras que yo acecho, mientras que yo espero. Mientras que yo sonrío al ver como su desdicha desgarra sus deseos. Mientras observo como mis actos mutilan su razón de ser.

Y así como me lleve a esos niños, solamente espero el momento exacto para presentarme ante él. Y así como hace un par de años, o segundos quizá, hice que un accidente las trajera conmigo, hoy espero que los recuerdos más tristes de su mente inútil le quiten del todo la conciencia y pueda traerlo conmigo, para así tener una víctima más en mi presencia. Hombre marcado por su sola existencia, vagará en vano hasta que le dure la resistencia, mientras tanto más gente seguirá muriendo y yo seguiré sonriendo, hombre condenado, hombre maldito, todo estaba escrito y un día de estos te llevaré conmigo.

martes, 27 de octubre de 2009

Angustia

Vivo engañándome pensando que las cosas van a cambiar, cansado de esta cárcel con olor a tristeza añeja, con esa ráfaga de viento marchito corriendo todo tiempo por las ventanas sin cristales.
Cuando era niño las cosas siendo simples me resultaban deliciosas como el chocolate caliente los domingos por la mañana, como las noches de navidad...
Hoy no tengo nada más que dar que mis huesos marchitos y resquebrajados que la vida fue masticando poco a poco con sus colmillos de tres metros, con su hocico que nunca vacila a la hora de manosear y consumir lo más feliz y puro que tiene tu vida.


Vivo cansado de fornicar todo el tiempo con estos conocimientos aún verdes, por madurar, esperando a ser vendidos una vez fornicados por mi infinito esfuerzo por comprender las cosas, cosas que todavía no entiendo, por lucrar con esa prostituta costosa que es ser un "profesional". Vivo hastiado aún de sólo pensar que tendré que ahorcarme con una corbata bonita y un terno bien planchado. Mi cara de muerto aún no logra espantar esa idea redundante en mi cerebro, aún no logro asimilar que me absorve este maldito sistema.

De niño participar de esa condenada orgía color invierno, que es la escuela. Habilitarnos un cerebro apto para recepcionar las más complicadas fórmulas de cómo hacernos cada vez más infelices. Ahora comprendo una verdad que el sistema voraz se tragó por un tiempo, pero que ahora gracias a estos párrafos tristes logré hacerla regurgitar, estamos hechos maquinalmente para ser una especie simple, sin conciencia que solamente se dedica a pulular durante su penosa vida por este patio del infierno, por este inodoro del universo, que simplemente se dedica a seguir un curso trazado por la mano de un robot imaginario.


Esta verdad pútrida me perseguirá hasta el resto de mis días, hasta que simplemente mi memoria se esfume como la ráfaga de balas lanzada por un rifle de guerra, cuando me mire al espejo y sea exactamente como se encuentra mi alma desde que nací.
Nos cortaron las alas al nacer, nos dejaron privados de toda libertad de pensar, y la luna mientras mengua se burla de nosotros porque está lejos, porque al menos ella tiene algo que ocultar. Nos castrarón de la posibilidad de ser divinos, de llegar a ser algo realmente hermoso, ahora simplemente nos queda vivir para llegar a la muerte, que lo único realmente seguro.


Tengo sed y mi espíritu sediento se queja a desgarradores gritos, solamente quiero descanzar de esta vida de mierda y pensar que mañana por la mañana mi existencia realmente valdrá la pena. Esperaré ese día como todos los días que me siento a mirar por mi ventana ese cielo inútil, a mirar a que caiga la lluvia de alegría que todo tiempo anhelo, por la que aún respiro.






martes, 22 de septiembre de 2009

Espérame en el siguiente puerto...



Las cosas importantes para mí no tienen significado, ahora que no estás a mi lado todo se dio por terminado. Hasta ahora los granitos de arena me susurran en silencio tu mirada, la fiereza del mar, antes por mi añorada, me dejan el amargo sabor de tu ausencia; el sol me quema menos y las nubes rechazan su forma y su sentido porque ahora no estás para mirarlas, porque las cosas más inexplicables tienen sentido cuando evoco tu ser, tu sonrisa, tu vida.



Ya hasta la brisa tiene compasión de mí. Ser un navegante en este ondeante valle de lágrimas no tendría sentido si no encontráramos, por fuerza, la razón de nuestro vivir. Y eso eras tú para mí.
Sígueme mirando, donde quieras que estés, mi amada, que todavía no se termina el mundo, ya que "mi mundo" está superditado al número de tus pasos alejándote de mí. Porque cuando miro tus ojos las cosas no parecen tan reales, se me desmoronan los sentimientos y se me rompe el corazón. Saber que tu partida no es más que un asqueroso silencio que me parte el alma en dos, uno para ti y otro para mí. Saber que ahora que el agua, la tierra, tus pasos y mi vida nos aleja hacen que me asuste de saber cuánto voy a vivir con este castigo, porque, al parecer, solamente mi último suspiro me dará la paz que necesito.



Y pues sí, ser un navegante es algo fastidioso, pero un navegante como yo lo es más. Todo el tiempo dejé atrás corazones infelices, caras sollozantes, miradas tristes. Ahora me tocaba a mí ver realmente lo que se siente que te dejen y se marchen a un lugar sin encuentro, un lugar donde ningún mapa revelará su ubicación. Saber que quién espera ahora al regreso soy yo, saber que soportar saber que no estarás.


Sigo mirando el horizonte y mientras siento que te alejas y me alejo no puedo olvidarte, y una lágrima rueda por mis mejillas, y como por cualquier motivo no quiero desperdiciar ni una partícula de tu recuerdo, me bebo la mitad de esas lágrimas, inclinando mi rostro hacia un lado y esperando a que caigan. La desdicha que me embarga hace quiera fallecer a golpes de machete, que quiera ser tragado por el agua que me rodea. La tarde se va disperasando con sus pájaros cantores y las olas entusiasmadas, que en otro momento me hubieran prometido una buena aventura, ahora solamente me dejan la desdicha de saber que nunca más el mar será mi motivación, porque ahora mi motivación es la tierra que pisaste, la tierra que nunca más pisarás, el lugar del cual te alejas y nunca volverás, ya nunca volverás.


Maldito anochecer, porqué tuviste que llevártela ayer. Sigo con la mirada fija hacia el sol que desaparece y ahora mis gemidos son más sonoros. Mi corazón agonizando pide a gritos que vuelvas a buscarme, que vuelvas a tocarme, a besarme, y miro hacia lo lejos a ver si por algún motivo olvidaste algo y te acercas a preguntarme. Buscando a tientas en la oscuridad, pruebo y me desespero, a ver si por algún sortilegio macabro vuelvo a tenerte cerca mío, pero la mente no me deja ser feliz, y ni aun por compasión me deja volver a sentirte, no me deja saber si tú también estás triste.
Las lágrimas no me dejan ni mirar y siento que me duele el corazón, que me duele en realidad el cuerpo en su totalidad, porque me prodigaste tus caricias sin pensar, sin reclamar. Ahora mi humanidad responde a este dolor del alma y el corazón, se compadece de ellos y comparte su dolor.


Mañana por la tarde volveré a esta parte de mi barco, a ver si todavía puedo recordarte saludando a lo lejos con tu sonrisa de niña ansiosa, con los brazos abiertos diciéndome que nunca más me dejarás ir la próxima que vuelva. Hubiera esperado más por parte mía para cumplir también una promesa similar a la tuya. Porque desde la primera vez que me fui y me lo prometiste siempre hubo un vínculo que nos mantuvo cerca, algo que siempre hizo que volviera, ahora que volví por última vez las cosas habían cambiado, todo estaba predestinado. Ahora la noche nos aleja aún más de nuestro encuentro. Pienso que ahora debería estar muerto, ya que este dolor es insoportable, la noche es tediosa recordando tu belleza, las ojeras que llevabas por trasnocharte conmigo. Tus manos maltratadas por tanto trabajo y esta estúpida vida, esta maldita vida, que sólo nos dejó ese incómodo sonido en el oído, el de un barco zarpando detrás mío.

Prometo buscarte en el siguiente puerto, y en el siguiente y en el siguiente, y prometo que voy a quedarme como estoy, quizás de este modo las cosas vuelvan a ser como antes, quizás de ese modo vuelvas a buscarme, y me esperes en el siguiente puerto. Quizás ahora que no puedes escucharme algo en tu ser te llame a encontrarme.
Quizás ahora puedas ver cuánto sufro por tu ausencia y quieras venir a consolarme. Pero si puedes escucharme , espérame en el siguiente puerto y prometo no marcharme, ¿no ves que mis ojos de desangran buscándote? Sigo mirando al horizonte y no quiero vivir sin antes encontrarte.


Espérame en el siguiente puerto, que aunque para mí sea el último en esta vida, prometo no volver en mi partida de ir a buscar. Espérame en el siguiente puerto que si la vida tiene que costarme, por ti me muero para que en la otra vida pueda abrazarte. Como tu bien sabes la vida tiene muchas paradas y una de ellas es la definitiva. Ahora que me lanzo al mar en tu búsqueda espero que cuando el agua salada sofoque mis pulmones y el frío de la noche me arrebate lo que me queda de tranquilidad, en mi agonía te pueda encontrar, porque tú eres mi puerto final.




jueves, 7 de mayo de 2009

Me están esperando...

Porque sólo sabes sonar sincero cuando estás lejos, y de la tristeza eres dueño. Haces cosas sin pensar, tienes ganas de llorar. Tu mirar vacilante me dice qué piensas, ahora que lo ves la vida no puede estar más muerta, mientras tu corazón quisiera dejar de palpitar.

No vas a negar que extrañas tu vida de antes, pero en la situación en la que estás no dejarías que el destino te arrebate las fuentes de felicidad que tienes. Te cogerías de ellas tan fuerte que hasta les harías daño a sus fibras más sensibles. Te romperías las uñas y aún de ese modo verías la manera de morder para quedarte cerca. Tu situación es tán triste, tan desesperante, que al parecer un sólo soplido más de melancolía sería suficiente para darte en la razón, despojarte de ella y conducirte al suicidio.

No me mires a los ojos, espejo de mi alma, que mi corazón siente tu pena. Esta condena amarga que me tiene observándote y a ti sufriendo, nos hace merecedores de la más profunda de las compasiones, esas de las que solamente se escucha cuando uno habla de un moribundo...

Pues eso es lo que eres, pues eso es lo que soy. Y ahora mirándote a los ojos, siento un gran enojo, porque sé que pudimos hacerlo mejor... Les negaste lo mejor de tu compañía, y eso que antes eran lo más importante en tu vida, antes no esperabas un segundo sin verlas, mejor era recibir la muerte completa, pero tú mismo destrozaste esa ilusión, te empujaste al olvido y a hacerle daño a ese par que era tu gran amor. Querías que llegarán a viejos y ver crecer a tus más grande amor, pero no lo lograste, ahora has perdido todo, sin excepción. Ahora también estoy triste porque por más que te grité lo que pude pudo más ese camino que tomaste que la razón.

Las sonrisas que iluminaron tu vida iluminarían la vida de cualquier mortal, y esas risas, esas risas que despertarían el alma más yerta. Sin embargo son esos los motivos de tu tristeza, no crees mercerlas y tu corazón, y mi corazón, tienen ganas de llorar.


Cuando salimos a la calle reuhímos la mirada del resto, cuando nos miran a los ojos asoman a ellos un tono nostálgico, se tornan vidriosos y el socializar pierde todo sentido práctico. Ahora que estás solo, y estoy solo, podemos acompañarnos, pues aún esta soledad es llevadera si no nos volvemos locos.


Pudiste hacerlo mejor, de eso estoy seguro, porque cuando pienso y recuerdo los momentos en los que nos preguntaban "Qué teníamos" miramos al vacío mientras decíamos "Nada". Y es exactamente eso lo que nos queda ahora que todo lo convertimos en nada.


Es más, aún estas palabras que ahora pronunciamos en nuestra mente parecen ser nada, parecen no llegar a nada, ¡es tan desesperante!, nos costó ser más ecuánimes...


Si tan sólo cuando nos pedían que les diéramos un beso lo hubiéramos hecho, las cosas ahora no parecerían tan vacías.


Y ahora que vuelvas a esa casa, ahora que me lleves para allá, procura dedicarles más tiempo, produra responder a sus preguntas, sobretodo a la pequeña, que cuando recuerdo su belleza, su tierna manera de consultarte y contarte sus problemas, se me parte el alma y rompo a llorar.


Ahora que vayas a verlas, ahora que las sientas de nuevo cerca, déjame también acercarme a ellas. Déjame decirles cuánto lo siento, déjame decirle cuánto las siento.


Para cuando me respondar pueda llorar en sus brazos, para que los pedazos de esta alma rota puedan sentir la liberación de sus abrazos. Para que pueda dejar de romerderme, para dejar de sentir que pude hacer más contigo para no perderlas.


Esta noche es tan significativa, esta noche que de nuevo me escuchas, esta noche que por fin te escucho mientras piensas. Esta noche no es, al parecer, como otras tantas noches, esta vez sí sopló un dejo de melancolía, o sería quizás tu corazón que no quería sentir más culpa. Esta noche tirado en tu cama sigues pensando que pudimos hacerlo mejor, sin embargo te perdono, te perdono todo este dolor.


Dejando los detalles quiero que sepas que te perdono por todo, que las razones para que sintieras parte de mi enojo ahora son ya insignificantes, el licor esta vez no tocó para nada en tu coraje, esta vez eres valiente por tu parte.


Y ahora, en el momento culmen, en el momento en que alzas la pistola y te miras al espejo, puedo ver la decisión en tus ojos y el temblor de tus manos, esta vez, a mi parecer, haces lo correcto, no debiste beber tanto, sino ahora, en este preciso momento, sus suaves manos te estarían sujentado, sus tiernos besos estarían paralizando esta mundana locura, si no hubieras bebido tanto ellas no estarían en el cielo por ti esperando, tu auto no se habría volcado y ellas estarían acompañándonos, pero no sucedíó así, tu vicio pudo más que sus ganas de vivir. Sé que las recuerdas gritando, mientras tu hija dormía y se despertó y mientras el auto daba vueltas de campana, murió llorando. ¿Recuerdas ahora, tan bien como yo, a tu esposa rogando por la vida de su hija? Si lo recuerdas tanto como yo, hemos tomado una decisión. Ahora que la amargura nos ha tenido mucho tiempo indecisos, esperando. Ahora que jales del gatillo tú y yo estaremos perdonados, y esta vez, allá a los lejos donde brilla el sol y se pierde la luna, lo haremos mejor.

lunes, 23 de marzo de 2009

Sin vida

Abrí los ojos, levanté la mirada y vi delante de mí un techo simple, sin ninguna clase de adornos. Al ponerme en pie tuve la extraña sensación de haber olvidado algo, como si tuviera un pendiente importante que urgiera por ser cumplido. Miré mis manos, raras, de dedos largos. Miré hacia las esquinas y en una de ellas encontré una cesta con una almohada sobre ella, y en el frente tenía unas letritas en madera que formaban el nombre CANDY. Me sorprendió pues recordé que tenía una gata hace un par de años. Lo extraño era que la recordaba como si simplemente la hubiera visto todos los días en algún otro lugar, quizás en la televisión.

Terminé de parame, la cabeza me dolía un poco. Caminé hacia el cuarto de baño prestando clara atención de todo lo que a mi alrededor podía observar. Miré un cepillo de dientes azul sobre un vaso, dentro del cual también se encontraba la pasta de dientes y una máquina de afeitar. Luego miré hacia el lavabo, había una jabonera celeste con un jabón semi-transparente, supongo que es de glicerina, que graciosa palabra "glicerina", suena similar a cocaína. Bueno tomé el jabón y dándole una sobada suave contra las manos formé un poco de espuma con el agua, luego de lo cual me lo eché a la cara, estaba medio atontado, lo noté por la absurda razón que dejé que me entrara jabón en los ojos; lo curioso es que normalmente si uno anda medio atontado por el sueño o algún dolor tiene los ojos entrecerrados, por lo cual no es normal que pase lo que me pasó. En fin, sentía ardor y picazón en los ojos, los restregué un poco, les eché agua y listo. Mantuve un momento la mirada sobre mi rostro. Estaba un tanto anormal, con una mirada de astucia, algo que no era normal, agité el rostro hacia los lados, luego de lo cual obtuve la expresión que buscaba tener, la de ligeron atontamiento. Mis cejas gruesas, mi frente amplia, el cabello largo echado hacia atrás, la nariz un tanto gruesa, los labios no muy delgados ni muy gruesos, la cara delgada, el cabello negro; miraba el espero y los ojos negros en ellos me devolvían una mirada ahora extraña. Aún ahora me pasaba, mirándome a la cara, esa sensación extraña de que han pasado años y no me reconozco una vez me miro con atención. No sé si será algo normal, quizás, en mi mente corre el vago presentimiento de dejavú, como si alguien me lo hubiera comentado antes... Sí, quizás sea eso.

Caminé hacia mi habitación de nuevo. Mi ropa se encontraba planchada, lo recuerdo, lo hice ayer... Pero, ¿sería realmente ayer?, tenía la extraña sensación de distancia en la mente, como si simplemente estuviera repasando parte de mi vida, mas no que estuviera tan cerca del presente.
Me vestí y salí del cuarto, observé mis muebles de tapizado simple de un solo color, no me gustaba el cuero, sobre todo el olor que emana. Anduve hasta la cocina y simplemente me serví un vaso con yogurt, estaba helado, lo cual me proporcionó cierto placer. ¡Ah, qué rico!, me dije. Ahora, ¡a trabajar!.

Pero a trabajar ¿dónde? Por un extraño momento no pude recordarlo. En mi mente raras imágenes de un lugar sobrio, en el cual tenía cantidad de aparatos, objetos ahora sin sentido. Pues bien a seguir adelante, recuerdo que tampoco me gustaba tomar taxi, no me gustan los buses, tampoco tener auto, aunque puedo comprármelo. Así que caminé hacia mi trabajo, estaba a unas 10 cuadras, pero iba con tiempo. Al llegar noté que me observaban desde lejos, como vigilándome. Al llegar a la puerta de ingreso de la empresa me saludaron.

-Buenos días, doctor.

-Buenos días, doctor Carl.

-Buenos días - Respondí.

Tengo una voz gruesa, otro detalle que no se escapó a mis observaciones.

-Buenos días, doctor Nicola.

-Buenos días, Max.

Otra vez lo mismo, recordé maquinalmente el nombre del portero. Pero no es esta la manera normal de recordar a alguien. ¿Porqué diablos recuerdo de esta manera? Como si todo, absolutamente todo lo hubiera visto en una especia de película. Ninguna de las cosas que están sucediendo en este instante me resultan actuales. Solamente tengo, en este instante, este sentimiento irreal de que sé exactamente en teoría quién soy, pero que no siento que soy eso.

Avanzé por la puerta recordando que mi oficina se encuentra en el quinto piso. Al subir el ascensor, luego de salidar a media docena más de personas, me encontré a unos pasos con mi secretaria, Roxane.

-Buenos días, doctor.
-Buenos días, Roxane. ¿Alguna llamada para mí?

-Ninguna, doctor. Su periódico se encuentra en su oficina.

-Gracias, Roxane. A ver si más tarde pasas a mi oficina, requiero unos documentos, además sería bueno que nos sentáramos a conversar con un buen café.

-Está bien doctor- me lo dijo con una sonrisa malicionsa.

Pasé a mi oficina, un lugar tal como el que había recordado. Me senté en mi sillón absorto en mis pensamientos. Como sería esto posible, ¿le habría pasado antes a alguien?... Preguntas, a mi parecer, sin una respuesta determinada. Mientras más lo pensaba sentía que me iba estallar la cabeza de pensar en tantas cosas por resolver a la vez, como cuando estudiaba en la universidad... Vaya, hasta eso me parece recordarlo como por simple memoria de alguien ajeno.

Abrí los cajones de mi escritorio en busca de detalles que me llevaran a descubrir, o recordar, más sobre mí mismo. Encontré muchos objetos del trabajo en los cajones, pero cuando me faltaban abrir dos cajones para terminar, encontré en el del centro un portarretratos con cupo para dos fotografías. Dentro de una estaba una mujer conmigo en una playa, a primera vista he de confesar que es una hermosa mujer, realmente hermosa, de cabellos largos y rubios y cuerpo excelente, al menos como a mí me gustan, senos grandes y un tanto separados, cintura pequeña, y un trasero medianamente grande y firme. En esa foto estábamos sonriendo, yo le estaba dando una palmada en el trasero, algo que me gusta hacer, los dos con ropa de baño y lentes de sol, al ver donde se posaba mi mano no pude reprimir una sonrisa. La segunda foto tenía a tres personas, de esa linda mujer, esta vez un niño y yo. El niño de cabello negro, las facciones del rostro de la mujer, pero con mis cejas y mis ojos. Ahora lo recuerdo, mi hijo y mi esposa. El niño se parecía a su madre, pero ciertos detalles que lo hacían parecido a mí. La memoria me dijo que teníamos 10 años de casados. ¡Qué mujer!, pensé, y de verdad muy hermosa; en la segunda fotografía estábamos en el jardín de nuestra casa, mi hijo con unos shorts y una playera, y mi mujer con una falta corta y una linda blusita, lindos pechos. Rosa y André, mi familia, miré mi anillo de casado y me sentí de nuevo en un mundo aparentemente real, pero a la vez increíble, pues esta no parecía mi vida...

-Permiso, doctor Carl.

-Adelante, Roxane.

-Su café doctor.

-Siéntate. Primera deja mi café aquí - dije señalando un extremo de mi escritorio.

Lo siguiente que sucedió fue puro instinto. Mientras ella dejaba la taza donde le indiqué mi mano lentamente fue a parar por su pantorrilla, luego fui subiendo la mano hasta llegar al borde de su minifalda apretada. Mientras lo hacía ella iba dejando salir un suspiro de placer y cuando miré sus ojos los ví cerrados disfrutando de mis manos. Instantes después sentí que con un temblor en sus muslos se dió la vuelta y me ofreció sus pechos, fui desabotonando lentamente su blusa mientras ella se sentaba en una de mis piernas, una vez lo hice ella me daba besos cortos pero agrables en la oreja, en el lóbulo, en el cuello... Mientras tanto yo iba subiendo y bajando las manos por sus senos, ¡ah, que agradable!, a ella también le gustaba mucho, sus suspiros se hicieron más evidentes. Dejé sus muslos en paz un momento, pasando a sus pechos, le quité el sostén, lamí sus agradables pezones, ella estaba descontrolada, me levantó la cara y metió su lengua en mi boca, desabroché su falda y la fui sacando con delicadeza, una vez estuvo solamente en ropa interior, bueno una parte de ella, le di besos de pies a cabeza. Ella me quitó la camisa y me bajó el cierre de los pantalones. Metió su mano dentro y me acarició, ambos estábamos con deseos de tener sexo, sexo depravado, desmedido. Tiré todo lo que pude a un lado en mi escritorio y la eché sobre él... Tuvimos toda clase de sexo, oral, vaginal, anal. Esa mujer es un espectáculo, sus gemidos ahogados por mi mano me hacían perder la razón...

Luego de la manera más incómoda acabamos tirados en el suelo, descanzando. Mi secretaria tiene, en general, mucha similitud a mi mujer, buen cuerpo, cabello rubio, solamente que el de ella es ligeramente ondulado, y el de mi mujer lacio, pero en lo demás es muy hermosa, mi mujer y ella tienen los ojos color verde.

-Roxane, ha sido espectacular.

-Pensé que hoy iba a estar cansado, doctor. Como ha pasado todo el fin de semana con su mujer...-lo dijo incómoda, yo diría hasta celosa.

-Pues sí, pero hoy la verdad me causaste una sensación extraña, como si te hubiera visto por primera vez.

-Jaja, algo muy gracioso, doctor. Conoce hasta el rincón más escondido de mi cuerpo, como puede pasar tal cosa.

-Pues hoy me he levantado con la extraña sensación que no es mi vida la que estoy viviendo, sino como si estuviera simplemente condicionado a seguir lo que la memoria y la espontaneidad me mandan.

-Pues la verdad yo lo he sentido tan lujurioso como siempre.

-A eso es exactamente a lo que me refiero, lo que hice acariciándote la pierta fue un impulso, seguí ese impulso aún sin saber lo que pasaría - pero en mi cabeza recordaba la forma en la que me sonrió, lo que causó ese impulso.

-Como te digo es extraño que un lunes hagas esto, no sé realmente qué tienes en la cabeza, la mayoría de los hombres tienen una amante porque no están bien con su mujer.

-Tienes razón es muy extraño, tengo el recuerdo de que lo sentía raro pero dentro de lo que yo consideraba "normal" para mí, pero ahora que lo pienso es muy extraño.

-La verdad es que hoy te encuentro muy pensativo, me gusta eso, pero no es normal en una persona apasionada como tú, no te estarás volviendo loco, ¿verdad? - me miró atemorizada.

-No lo creo, pero si así fuera no lo notaría, ¿no crees?.

-Pues sí, quizás sea el trabajo, no cómo puedes trabajar tanto, descanzar, hacerme el amor, lo mismo a tu mujer y encima venir radiante a diario.

-Lo mismo pienso cuando veo todo lo que me resulta hacer lo que hago a diario.

-Bueno Carl, perdón, doctor. Tengo que irme a trabajar, no todos tenemos su mente prodigiosa.

-Adiós Roxane, consigue más lencería como esa, te ves hermosa - dije esto apretándole una de las nalgas.

-Ciao, doctor - me dijo sonriendo mientras salía por la puerta.

Roxane era mi amante, pero también mi amiga, y hasta donde recuerdo fue así como empezó todo, la afinidad, mi gusto por las mujeres de su tipo. Luego las sonrisas los momentos a solas. El resultado en general es que terminamos siendo amantes, y a diario mi oficina se convertía en el lugar en el cual terminábamos haciendo de todo. Fuera de todo esto Roxane es una mujer divertida, desinhibida, calmada, sincera, además inteligente, con la cual se puede conversar. Además ella vive enamorada de mí, me lo ha dicho muchas veces, lo cual la hace más fogosa a la hora de hacer el amor. Esto me hace recordar porqué no tengo auto, puedo demorar lo que quiera para volver a casa, o irme a un hotel con Roxane sin ser notado por el auto, fuera de que me gusta caminar. Pero sigo confundido, tantas emociones, tantos sentimientos. Sigo recordando estas cosas, vagando entre mis pensamientos sintiendo que no es mi vida la que estoy viviendo.

Acabaron las horas de trabajo de la mañana. Iniciaron las de la tarde, ahora sí me sentía cansado, tuve que leer los documentos recientes en mi ordenador para saber en qué estaba trabajando. Terminando las horas de la tarde salí, me acerqué al escritorio de Roxane, me incliné para darle un beso en el pecho, uno en la boca y un "hasta mañana".

Caminando mientras iba oscureciendo seguí preguntándome que iba a ser mañana por la mañana, si todos los días iban a ser iguales a este, con tanta confusión, tanta incertidumbre.

Llegando casi a la esquina cerca de mi casa me cruzé con unos hombres vestidos de negro. Me saludaron con mucho apuro.

-Buenas noches, ¿el señor Carl Nicola?

-Buenas noches, con el habla, qué desea de mí, ¿señor?

Lo siguiente que supe fue que el que me habló me hizo algo en el cuello, luego de lo cual todo fue oscuridad.

Desperté con la misma sensación de un lugar extraño. Estaba atado a una camilla. Delante de mí ya no estaban los hombres de negro, pero sí un hombre de barba blanca, aspecto de no muy anciano, pero sí de mucha inteligencia. Alrededor de la camilla en la que estaba acostado, totalmente desnudo, habían muchos aparatos que parecían demasiados modernos para la época.

-Carl Nicola. Mucho gusto, doctor.

-¿Quién es usted?

-Qué modales, Carl. Yo te enseñé a tratar mejor a la gente.

-Pues soy un hombre educado, señor. Pero la manera en la que me han...

-¿Decías? - dijo el científico con una sonrisa.

-Usted, usted, es ... ¿es mi padre?

-Pues Carl, por así decirlo, no soy realmente tu "padre", aunque tecnicamente sí.

-¿Qué quiere decir?

-Pues verás, no soy sentimental, como mis colegas, y los logros que hice contigo fueron muy grandes. A todo esto, soy tu creador.

-¿Cómo que mi creador?. Al parecer quien está loco no soy yo. Suélteme señor, por favor, tengo esposa y un hijo.

-Y al parecer también una amante muy hermosa.

-¿Cómo sabe eso?

-El experimento fue un exito - ya se habí dado la vuelta y estaba buscando algo entre los objetos alrededor de mí.

-¡Señor a qué se refiere! ¡¿Acaso me ha estado espiando?! ¡Suélteme!

-Silencio, Carl. Nadie te oye. El experimento ha terminado, por tal te voy a explicar todo, aunque no tiene sentido y soy una persona que trabaja con lógica voy a probar un poco más de ti con lo que te voy a decir. Eres un robot, un experimento, un ser netamente hecho por el hombre, mas no eres un hombre, ergo simulas uno, y muy bueno, debería decir. Yo te programé, desde tus inicios, ayudado obviamente por otros científicos que me ayudaron con tu interfase físicas, tuve mucha ayuda de sicólogos, médicos, eres un gran avance para la ciencia, Carl.

-Señor, usted está loco, por favor, suélteme. Le puedo dar lo que quiera...

-Carl, Carl. Lo que quería ya me lo diste, la satisfacción de ver que el trabajo de toda mi vida fue un éxito. Mira, todo un equipo ha trabajo alrededor de 20 años en tu desarrollo, eres un prodigio para la ciencia.

-Mire así eso fuera cierto, soy un ser vivo, pensante, tengo vida necesidades, familia. Tengo una razón por la cual vivir.

-Es cierto, es cierto, tienes una esposa y una amante con las cuales copulas como un animal. Un hijo que te tiene cariño y al cual tú le has tomado mucho cariño, pero todo eso también es simulado Carl, no te has movido de esta camilla desde que hicimos el primer armado de tu interfaz humana. Simplemente te has movido para hacer exámentes y pruebas de motricidad.

-Pruébemelo, señor, es algo realmente inconcebible.

-Espera un momento y voy a hacer lo que dices - dicho lo cual fue hasta un extremo de la habitación y trajo un espejo cerca de mí.

Acto seguido inclinó el espejo hacia mí y empezó a rebuscar entre mi cuello.

-Señor que va a hacer, por favor no me haga daño.

-Tranquilo Carl. Simplemente calla y observa.

Luego tiró de la piel de mi cuello, luego de lo cual empezé a gritar, y cuando me miré en el espejo noté que simplemente tenía delante mío metal y conectores que nunca antes había visto en mi vida. Ojos como humanos, y toda clase de aparatos sofisticados, con los cuales podía generar expresiones. Lo que ví me dejó callado en ese mismo instante. Era algo impresionante, increíble, horrible.

-Señor, ¿Qué me ha hecho?.

-Carl, tú siempre fuiste así, cálmate hubiera sido peor si te hubieras visto antes de implantarte la piel, no hace mucho que la tienes. Ciertamente te di todas las características de un hombre humano, mas no te di la capacidad de entender lo que realmente eras, la siguiente generación de robots tendrá que tener eso, o estaremos en serios problemas.

-Señor y mi esposa, mi hijo, Roxane...

-Todos productos de la memoria que te creé, increíble, ¿verdad?

-Ya veo, con razón tenía todo el tiempo esa sensación extraña, de que todo a mi alrededor era irreal, de que había algo más allá.

-Pues para ti, Carl, no existe "algo más allá", ciertamente...


-A pesar de lo que me dice, no dejo de preguntarme... ellos... ¿van a morir?

-Nunca estuvieron vivos.

-Pero, ¿no puede dejarme vivir?. Es como matar a una persona, yo tengo una vida, tengo familia, tengo hasta una mascota - de mis ojos querían salir lágrimas, y hasta pensé que caerían, pero noté que ciertamente no iban a caer jamás.

-Todo lo que tienes, Carl, son emociones, sentimientos, recuerdos, cosas que yo mismo te implanté para que parezcas más humano, y la simulación salió a la perfección.

- Cómo es que puedo tener detalles en la cabeza como mis gustos carnales, mis gustos para los alimentos y hasta para mis necesidades de excreción. No entiendo, cómo es que hacen esto, para qué.

-Pues para lograr reemplazar muchos huecos que los humanos dejamos, niños huérfanos, lugares donde se necesite ayuda humana, incluso un robot tiene un físico mejor que el humano. En mi caso particular fue el trabajo de mi vida así que la vanidad también me mueve.

-No deberían hacer esto.

-Y porqué no. ¿Qué podría salir mal? Fue un gusto haber conversado contigo Carl, eres mi orgullo. El experimento llegó a su final, ahora te vamos a desconectar.

-¡Nooo! No, por favor, no lo haga! Entienda, por favor, mi hijo, mi mujer, esto es una locura...

-Exactamente, sería una locura dejarte seguir simulando, eres solamente un robot, Carl, por favor, además una vez desconectado todo terminará.

Dicho eso me conectó a una computadora, por un agujero detrás de mi oído. En una pantalla se veían un montón de códigos fuera de mi entendimiento. Luego con un pulsado de botón final sentí como mi vista se iba debilitando y poco a poco iba perdiendo la razón.

-¡Nooooo! ¡No me hagan estoooooo! ¡No!...

-Silencio Carl, ya va a terminar todo, jaja, fue muy buena tu programación.

-No...

Desde ese momento todo fue oscuridad y aquello que pudo sentir luego, nadie lo sabrá y si queda algo de lo que nosotros llamamos "alma" en él, pues solamente se puede adivinar, ya que si él emite los gritos ahogados de un "alma" sin cuerpo, nadie lo oirá.