martes, 13 de octubre de 2009

Jamás quisiera que anocheciera...



Mientras descanzo pegando mis brazos a tu cintura, juntos acostados, mi cabeza apoyada en tus senos y tu cuerpo calentándome, recuerdo nuestra primera noche juntos.

La respiración entrecortada y lenta, cierro los ojos y recuerdo con nerviosismo como es que paso a paso nos entregamos. Tu mirada angelical de lujuriosa ansiedad, la forma sencilla en que me besaste, tus manos textura olas de mar, tu desesperación por complacerme, tu entrega total y tu disposición absoluta. Mis manos recorriendo el camino de plata de tu columna, ese camino que nos convirtió a ambos en pecadores prematuros de un deseo de fuego que no se extingue ni con toda el agua del mar. Tu sonrisa tierna y tus labios deseosos de placer, de conocer. Tu curiosidad y tus ganas que no tenían fin. Tu cintura forma de lazo de seda, tus mejillas sonrosadas y ardientes. Tus brazos con piel de gallina y tus manos recorriéndome por completo. Y recordando, recordando, una sonrisa aparece en mi rostro, una sombra de la expresión antigua que nos decía que todo estaba bien.

Un recuerdo más esta noche para enamorarnos aún más los dos, aunque solamente lo intente yo, aunque solamente se sienta mi presencia en esta habitación. Un recuerdo más que nos diga que esta noche es para siempre y antes que tengas que partir, como se supone que debería ser, voy a tentar tu suerte y la mía con un recuerdo aún más triste y alegre que la propia creación, tan lejana, tan nostálgica, tan de nosotros, como nuestros cuerpos y nuestras marcas en ellos.

Un recuerdo que permita que el abrazo que te doy me sea devuelto por ti misma, un recuerdo que borre para siempre esta tristeza absoluta de mi mirada posada en tus ojos cerrados. Un recuerdo que destierre todo lo pasado y mantenga eterna la esperanza de que todo vuelva a ser como antes.

Siénteme de nuevo esta noche, no duermas, despierta como la primavera eterna que me regalaron tus manos y el verano intenso que me prodigaste con tus abrazos.

La cama adoselada sigue teniendo la misma sábana blanca de hace tantos años y tu rostro ahora pacífico no pareciera ser partícipe de mi ingente tristeza, tu rostro pacífico que sigue teniendo la misma tonalidad canela que tanto me encanta, un color piel de ángel de verano, que me retorna el corazón al cielo donde te hallé, donde te siento cada vez que te veo.



Quisiera que nunca anocheciera, que el sol se quedara allí, estático y nunca reinara la oscuridad. La noche es tan triste sin ti mirándome, sin ti respidando sobre mi cabello luego de hacer el amor, sin tus hebras de cabello acariciándome el abdomen. No quisiera nunca más la noche dentro de mi visión, dentro de mi vida. Saber que esta noche que se va acercando representa el inicio de muchas noches más en donde voy a tener que sentir lo mismo, hasta que me mate la nostalgia de saber que nunca más vamos a estar como antes. Saber que diste tu último suspiro en mis brazos y sabiendo que ahora más que nunca me abandonaste sin querer. Porque sé que nunca me hubieras dejado solo si me hubieras visto llorando como ahora. Sé que nunca hubieras dejado que se agrandara mi pena por esta muerte tan prematura de una mujer tan bella. Ahora es demasiado tarde y lo que me causa tanto dolor es el simple hecho de saber que siempre me fuiste fiel y las cosas que pasamos no las volveré a pasar jamás. No te grito un "Adiós" porque sé que sin ti pronto esta vida será la muerte para mi corazón y mi alma. Pensé que íbamos a morir juntos, de viejos, cansados de tanto querer y amar, pero esta noche, no es como otras noches, por eso lloro, simplemente por este recuerdo, por esta primera despedida juntos, por esa primera noche juntos.

Que este recuerdo tan bello de la primera noche juntos sofoque a punto de quiebre esta agonía por la que pasa mi corazón, que nunca más nada nos separe esta noche. Y mientras el sol se pone y mis lágrimas anegan mi rostro marchito siento que muero junto a ti y solamente queda el silencio...

Pasados siglos, años, horas o segundos, quién sabe, vuelvo a sentir tu respiración sobre mi cabeza, y no sabes la manera en que mi corazón celebra, a pesar que siento que es una ilusión y me embarga la pena.

-Mi amor, ¿qué te pasa? - dijiste.

Al parecer mi llanto desconsolado había tomado su rumbo y te habías despertado borrando, como siempre, de un sólo tajo las cosas que me tenían tan triste y sin razón de ser. Esta vez solamente había sido un sueño, sé que esto no puede terminar tan rápido, porque sé que te amo. Y trantando de calmar tu propia pena al verme llorando, te dije:

-Simplemente tuve un sueño raro.

martes, 22 de septiembre de 2009

Espérame en el siguiente puerto...



Las cosas importantes para mí no tienen significado, ahora que no estás a mi lado todo se dio por terminado. Hasta ahora los granitos de arena me susurran en silencio tu mirada, la fiereza del mar, antes por mi añorada, me dejan el amargo sabor de tu ausencia; el sol me quema menos y las nubes rechazan su forma y su sentido porque ahora no estás para mirarlas, porque las cosas más inexplicables tienen sentido cuando evoco tu ser, tu sonrisa, tu vida.



Ya hasta la brisa tiene compasión de mí. Ser un navegante en este ondeante valle de lágrimas no tendría sentido si no encontráramos, por fuerza, la razón de nuestro vivir. Y eso eras tú para mí.
Sígueme mirando, donde quieras que estés, mi amada, que todavía no se termina el mundo, ya que "mi mundo" está superditado al número de tus pasos alejándote de mí. Porque cuando miro tus ojos las cosas no parecen tan reales, se me desmoronan los sentimientos y se me rompe el corazón. Saber que tu partida no es más que un asqueroso silencio que me parte el alma en dos, uno para ti y otro para mí. Saber que ahora que el agua, la tierra, tus pasos y mi vida nos aleja hacen que me asuste de saber cuánto voy a vivir con este castigo, porque, al parecer, solamente mi último suspiro me dará la paz que necesito.



Y pues sí, ser un navegante es algo fastidioso, pero un navegante como yo lo es más. Todo el tiempo dejé atrás corazones infelices, caras sollozantes, miradas tristes. Ahora me tocaba a mí ver realmente lo que se siente que te dejen y se marchen a un lugar sin encuentro, un lugar donde ningún mapa revelará su ubicación. Saber que quién espera ahora al regreso soy yo, saber que soportar saber que no estarás.


Sigo mirando el horizonte y mientras siento que te alejas y me alejo no puedo olvidarte, y una lágrima rueda por mis mejillas, y como por cualquier motivo no quiero desperdiciar ni una partícula de tu recuerdo, me bebo la mitad de esas lágrimas, inclinando mi rostro hacia un lado y esperando a que caigan. La desdicha que me embarga hace quiera fallecer a golpes de machete, que quiera ser tragado por el agua que me rodea. La tarde se va disperasando con sus pájaros cantores y las olas entusiasmadas, que en otro momento me hubieran prometido una buena aventura, ahora solamente me dejan la desdicha de saber que nunca más el mar será mi motivación, porque ahora mi motivación es la tierra que pisaste, la tierra que nunca más pisarás, el lugar del cual te alejas y nunca volverás, ya nunca volverás.


Maldito anochecer, porqué tuviste que llevártela ayer. Sigo con la mirada fija hacia el sol que desaparece y ahora mis gemidos son más sonoros. Mi corazón agonizando pide a gritos que vuelvas a buscarme, que vuelvas a tocarme, a besarme, y miro hacia lo lejos a ver si por algún motivo olvidaste algo y te acercas a preguntarme. Buscando a tientas en la oscuridad, pruebo y me desespero, a ver si por algún sortilegio macabro vuelvo a tenerte cerca mío, pero la mente no me deja ser feliz, y ni aun por compasión me deja volver a sentirte, no me deja saber si tú también estás triste.
Las lágrimas no me dejan ni mirar y siento que me duele el corazón, que me duele en realidad el cuerpo en su totalidad, porque me prodigaste tus caricias sin pensar, sin reclamar. Ahora mi humanidad responde a este dolor del alma y el corazón, se compadece de ellos y comparte su dolor.


Mañana por la tarde volveré a esta parte de mi barco, a ver si todavía puedo recordarte saludando a lo lejos con tu sonrisa de niña ansiosa, con los brazos abiertos diciéndome que nunca más me dejarás ir la próxima que vuelva. Hubiera esperado más por parte mía para cumplir también una promesa similar a la tuya. Porque desde la primera vez que me fui y me lo prometiste siempre hubo un vínculo que nos mantuvo cerca, algo que siempre hizo que volviera, ahora que volví por última vez las cosas habían cambiado, todo estaba predestinado. Ahora la noche nos aleja aún más de nuestro encuentro. Pienso que ahora debería estar muerto, ya que este dolor es insoportable, la noche es tediosa recordando tu belleza, las ojeras que llevabas por trasnocharte conmigo. Tus manos maltratadas por tanto trabajo y esta estúpida vida, esta maldita vida, que sólo nos dejó ese incómodo sonido en el oído, el de un barco zarpando detrás mío.

Prometo buscarte en el siguiente puerto, y en el siguiente y en el siguiente, y prometo que voy a quedarme como estoy, quizás de este modo las cosas vuelvan a ser como antes, quizás de ese modo vuelvas a buscarme, y me esperes en el siguiente puerto. Quizás ahora que no puedes escucharme algo en tu ser te llame a encontrarme.
Quizás ahora puedas ver cuánto sufro por tu ausencia y quieras venir a consolarme. Pero si puedes escucharme , espérame en el siguiente puerto y prometo no marcharme, ¿no ves que mis ojos de desangran buscándote? Sigo mirando al horizonte y no quiero vivir sin antes encontrarte.


Espérame en el siguiente puerto, que aunque para mí sea el último en esta vida, prometo no volver en mi partida de ir a buscar. Espérame en el siguiente puerto que si la vida tiene que costarme, por ti me muero para que en la otra vida pueda abrazarte. Como tu bien sabes la vida tiene muchas paradas y una de ellas es la definitiva. Ahora que me lanzo al mar en tu búsqueda espero que cuando el agua salada sofoque mis pulmones y el frío de la noche me arrebate lo que me queda de tranquilidad, en mi agonía te pueda encontrar, porque tú eres mi puerto final.




lunes, 15 de junio de 2009

Se va a llamar como tú...




Triste este cansancio que me produce seguir caminando, las ganas que tengo de parar y no seguir con este desagradable condena. Porque mientras paso por un charco de agua y bajo la cabeza no puedo evitar que me guste el desagradable aspecto que tengo a los ojos de los demás.

Las cosas que hice a través de mi vida siempre las cargaré como un lastre para sentirme buena persona... Sin embargo lo que más me tiene conmocionado es que no me importa.

Las últimas veces que te vi tenías un aspecto similar al mío, la gran diferencia es que tú no tenías ese rastro que deja en los ojos algo terrible.

No te pido perdón por llegar al punto al que llegamos, tú muy lejos, y yo hecho un trapo humano. Los recuerdos bullen por mi mente, y aún ahora veo tus manos delicadas y pequeñas mientras me hacían un "adiós", y era exactamente por eso que te sentías tan desdichada, mi ausencia te hacía retorcer de dolor, y era literalmente retorcer, quién sabe el porqué de tu comportamiento, los llantos, los tirones de cabello, los gritos, pero algo de eso, al parecer, me desquició.

¿Quién puede explicar los motivos por los cuales una mujer se vuelve loca? Aunque en realidad a mi parecer, tus reacciones fueron las de una persona realmente "cuerda", aunque mi opinión ahora no cuenta, ya que, al parecer, yo también he perdido la razón.

¿Porqué tuviste que gritarme de esa manera? ¿Porqué tuviste que proponerme aquello? Y sobretodo de aquella manera... Yo jamás habría hecho aquello si no me lo hubieras pedido, y hablando de esto no puedo dejar de pensar que la actitud que refiero ahora es un simple recuerdo, y que si no le hago lo mismo a otra persona en este momento es porque simplemente las "reglas de la sociedad" lo tildan como una aberración.

Nunca quise engañarte, pero por la manera en que me lo pediste, sí quise hacer lo que me vociferaste en ese momento.

Las cosas que dijiste aún resuenan en mi mente, jamás quise engañarte, lo juro. Pero las cosas pasaron como no debían de pasar, las cosas que hice, inducidas en parte por el alcohol, en parte por la lujuria, no las hice de corazón.

Cuando te conté el resultado de esas acciones enloqueciste, y en realidad la culpabilidad la cargo yo, jamás diría lo contrario, resultado de esas estúpidas acciones ahora también estoy loco.

Si no me hubieras gritado tanto que me amabas, si no me hubieras convencido de aquella manera...

Ella salió embarazada, y ella también está enamorada de mí, de una forma muy diferente e inferior al sentimiento grandioso que me prodigabas. Realmente extraño eso, las cosas que eran como mi alimento, las cosas que ahora me producen una gran desazón. Extraño tus manos pequeñas sobre las mías, extraño tu mirada cálida y expresión de seda, extraño los momentos que se hacían cortos a tu lado, extraño tus abrazos y tu manera de peinarme, extraño el olor que dejabas sobre mi ropa y mi cuerpo, extraño tus remedios para mi soledad y extraño tu cocinar, pero lo que más extraño y hace a mis ojos botar lágrimas en este momento es el hecho de saber que no estás viva, el hecho de saber que nuca más veré el brillo especial en los ojos que te hacía ver más viva que el resto de la gente.

Tuve que matarte, tuve que matarte, me lo pediste... ¿Porqué me lo pediste? ¡Sé que me equivoqué! Sé que estabas triste, y por tu culpa y más aún por mi culpa, ahora también estoy triste, estoy muriendo de tristeza, y la razón por la cual sigo vivo es por la misma razón por la que ahora estás muerta.

Me hubiera gustado acompañarte, pero tenía otras obligaciones a las cuales responder, sabía cuando lo estaba haciendo que esperabas que te acompañara, pero sabía que solamente era un arrebato de egoísmo, porque jamás fuiste egoísta, jamás me lo permitirías.

Cuando tomaste el veneno y al final me miraste y tenías esa expresión que tanto me gusta, esa expresión que siempre me decía lo profundamente enamorada que vivías de mí tuve ganas de mandar todo al infierno y buscar una manera de no dejarte hacerlo, pero sabía que las razones de ello eran mi culpa, y ahora que estoy tan loco como tu te comprendo.

Sé que querías tener una hija conmigo, sé que la tristeza, el hecho de saber mi traición y mi vergüenza fue lo que te mató. Sé también que antes de morir sabías que iba a ser niña y sé que querías que se llamara como tú.

El tiempo sigue pasando y 7 meses se han terminado, ahora que cada vez más el tiempo me va consumiendo y la pena me va asesinando se acerca el momento.

Mi hija va a nacer dentro de poco y, te lo juro con todo mi amor, se va a llamar como tú, Nicolle.



jueves, 7 de mayo de 2009

Me están esperando...

Porque sólo sabes sonar sincero cuando estás lejos, y de la tristeza eres dueño. Haces cosas sin pensar, tienes ganas de llorar. Tu mirar vacilante me dice qué piensas, ahora que lo ves la vida no puede estar más muerta, mientras tu corazón quisiera dejar de palpitar.

No vas a negar que extrañas tu vida de antes, pero en la situación en la que estás no dejarías que el destino te arrebate las fuentes de felicidad que tienes. Te cogerías de ellas tan fuerte que hasta les harías daño a sus fibras más sensibles. Te romperías las uñas y aún de ese modo verías la manera de morder para quedarte cerca. Tu situación es tán triste, tan desesperante, que al parecer un sólo soplido más de melancolía sería suficiente para darte en la razón, despojarte de ella y conducirte al suicidio.

No me mires a los ojos, espejo de mi alma, que mi corazón siente tu pena. Esta condena amarga que me tiene observándote y a ti sufriendo, nos hace merecedores de la más profunda de las compasiones, esas de las que solamente se escucha cuando uno habla de un moribundo...

Pues eso es lo que eres, pues eso es lo que soy. Y ahora mirándote a los ojos, siento un gran enojo, porque sé que pudimos hacerlo mejor... Les negaste lo mejor de tu compañía, y eso que antes eran lo más importante en tu vida, antes no esperabas un segundo sin verlas, mejor era recibir la muerte completa, pero tú mismo destrozaste esa ilusión, te empujaste al olvido y a hacerle daño a ese par que era tu gran amor. Querías que llegarán a viejos y ver crecer a tus más grande amor, pero no lo lograste, ahora has perdido todo, sin excepción. Ahora también estoy triste porque por más que te grité lo que pude pudo más ese camino que tomaste que la razón.

Las sonrisas que iluminaron tu vida iluminarían la vida de cualquier mortal, y esas risas, esas risas que despertarían el alma más yerta. Sin embargo son esos los motivos de tu tristeza, no crees mercerlas y tu corazón, y mi corazón, tienen ganas de llorar.


Cuando salimos a la calle reuhímos la mirada del resto, cuando nos miran a los ojos asoman a ellos un tono nostálgico, se tornan vidriosos y el socializar pierde todo sentido práctico. Ahora que estás solo, y estoy solo, podemos acompañarnos, pues aún esta soledad es llevadera si no nos volvemos locos.


Pudiste hacerlo mejor, de eso estoy seguro, porque cuando pienso y recuerdo los momentos en los que nos preguntaban "Qué teníamos" miramos al vacío mientras decíamos "Nada". Y es exactamente eso lo que nos queda ahora que todo lo convertimos en nada.


Es más, aún estas palabras que ahora pronunciamos en nuestra mente parecen ser nada, parecen no llegar a nada, ¡es tan desesperante!, nos costó ser más ecuánimes...


Si tan sólo cuando nos pedían que les diéramos un beso lo hubiéramos hecho, las cosas ahora no parecerían tan vacías.


Y ahora que vuelvas a esa casa, ahora que me lleves para allá, procura dedicarles más tiempo, produra responder a sus preguntas, sobretodo a la pequeña, que cuando recuerdo su belleza, su tierna manera de consultarte y contarte sus problemas, se me parte el alma y rompo a llorar.


Ahora que vayas a verlas, ahora que las sientas de nuevo cerca, déjame también acercarme a ellas. Déjame decirles cuánto lo siento, déjame decirle cuánto las siento.


Para cuando me respondar pueda llorar en sus brazos, para que los pedazos de esta alma rota puedan sentir la liberación de sus abrazos. Para que pueda dejar de romerderme, para dejar de sentir que pude hacer más contigo para no perderlas.


Esta noche es tan significativa, esta noche que de nuevo me escuchas, esta noche que por fin te escucho mientras piensas. Esta noche no es, al parecer, como otras tantas noches, esta vez sí sopló un dejo de melancolía, o sería quizás tu corazón que no quería sentir más culpa. Esta noche tirado en tu cama sigues pensando que pudimos hacerlo mejor, sin embargo te perdono, te perdono todo este dolor.


Dejando los detalles quiero que sepas que te perdono por todo, que las razones para que sintieras parte de mi enojo ahora son ya insignificantes, el licor esta vez no tocó para nada en tu coraje, esta vez eres valiente por tu parte.


Y ahora, en el momento culmen, en el momento en que alzas la pistola y te miras al espejo, puedo ver la decisión en tus ojos y el temblor de tus manos, esta vez, a mi parecer, haces lo correcto, no debiste beber tanto, sino ahora, en este preciso momento, sus suaves manos te estarían sujentado, sus tiernos besos estarían paralizando esta mundana locura, si no hubieras bebido tanto ellas no estarían en el cielo por ti esperando, tu auto no se habría volcado y ellas estarían acompañándonos, pero no sucedíó así, tu vicio pudo más que sus ganas de vivir. Sé que las recuerdas gritando, mientras tu hija dormía y se despertó y mientras el auto daba vueltas de campana, murió llorando. ¿Recuerdas ahora, tan bien como yo, a tu esposa rogando por la vida de su hija? Si lo recuerdas tanto como yo, hemos tomado una decisión. Ahora que la amargura nos ha tenido mucho tiempo indecisos, esperando. Ahora que jales del gatillo tú y yo estaremos perdonados, y esta vez, allá a los lejos donde brilla el sol y se pierde la luna, lo haremos mejor.

jueves, 30 de abril de 2009

El último recuerdo





Corro, corro, no sé qué hacer, sigo sintiendo los pasos que me persiguen como perros rabiosos a punto de rasgarme la carne. No sé si pueda más.



Tengo que seguir corriendo, más adelante diviso una escalera de metal, esas de emergencias que le permiten a uno meterse a los departamentos por las ventanas. Está a medio bajar. Cuando llego a ella vuelvo a escuchar el grito de mi perseguidor, tengo que lograrlo. Salto para asirme de uno de los escalones de metal. Fallé, una maldita fruta podrida me ha hecho resbalar, ¡maldita gente!, nunca pueden botar su basura donde es debido.



Me levanto como puedo, las cosas no me pintan nada bien. Esta noche debí quedarme en casa. ¡Ay Blanca! Si tan sólo divisaras mis ojos sufriendo sé que en este mismo instante te interpusieras entre mi destino y yo, cosa que no permitiría jamás, claro está.



Al final mi perseguidor también resbala, no sé con qué. Aprovecho ese momento, salto de nuevo la escalera de nuevo sin éxito, y corro otra vez.



Al seguir corriendo noté que las calles por las cuales iba no eran las mismas que recordaba desde siempre, incluso los anaqueles y estantes en las tiendas no parecen ser los mismos. Casi siempre pasaba por esta calle para ir a buscar a mis amigos. Por desgracia ninguno que me pueda ayudar se encuentra en la ciudad.



Sigo corriendo y corriendo y cuando mis pasos ya no pueden más vuelvo a tener el mismo sentimiento de desazón dentro de mí, que no es tan si quiera por la muerta prematura que me persigue a toda velocidad mientras yo corro con zapatos hechos de plomo. Las caras de las personas parecen ahora más vivas, como si cada segundo que pasase lo viera transcurrir como cuando caen gotas de lluvia hacia el suelo.



Las cosas más insignificantes se me hacen notorias, por ejemplo el nuevo color de mantel de la señora vendedora de Flores, la camisa de rayas que nunca le había visto al tendero de la esquina, el gato pardo que cruzó la calle y subió al tejado, y así podría seguir detallando cosas que en más de 25 años de vida no había visto pasar.



Cuestiones como estas no son raras, sencillamente imperceptibles. Y ahora que mientras cavilo se me cruza el tan temido perseguidor, esta vez con una sonrisa triunfante en el rostro dispara sin piedad sobre mi muslo izquierdo.



La sensación desboca en mis nervios y en un impulso desesperado echo a correr nuevamente de la manera que puedo, llego al cementerio pensando en qué habrá provocado que se detenga mi futuro asesino, mientras pienso también en porqué diablos no pedí ayuda.



Una vez me siento en una de las lápidas noto como lentamente va apareciendo una sensación de quemazón en el punto de impacto para luego ir expandiéndose de forma rápida sobre todo mi muslo, siento como los nervios me agarrotan el resto de los músculos y me hacen retorcer de desesperación. Las ganas de gritar y luego de un momento el grito desgarrador que produce el dolor insoportable del trozo de metal incrustado a tal velocidad sobre mi carne: ¡Aaaaaaaaah!!!



Luego de un instante percibo nuevamente las sensaciones externas, detalles infinitamente insignificantes para una persona con la certeza de la vida. Irónicamente diríamos que en el momento de la muerte no me voy a andar fijando en agobios tales como porqué está mal ciudado el césped, o como porqué nadie le llevaba flores al dueño de la lápida en la cual me arrecuesto, y entre tantos pensamientos insulsos de nuevo aparece delante mío el servidor enviado por la muerte para darme mi pasaje de avión.



Al parecer no tiene tiempo para esperar, dispara sin piedad sobre mi pecho. Esta vez siento, por un instante, como si estuviera chorreando un líquido caliente mientras que luego voy sintiendo el ya conocido, aunque reciente, dolor del maldito disparo, los gritos no se hacen esperar de mi parte, mientras pienso porqué lo hice, porqué hice eso, porqué tuve que andar espiando donde no debía. Maldita gente con sus negocios turbios...



No tuve intenciones, Blanca, y aunque las cosas ahora se me salieron totalmente de control, quiero que entiendas que mientras pienso en nuestro perdido futuro, también pienso en ti y en nuestra vida juntos, mañana por la mañana que te levantes con los ojos cansados y pensando en tu amor, las cosas no serán como todos los días, porque tu detalle más grande, que soy yo, este día pierde su chispa, a manos de un sicario que sólo le importa matar.



Mirar ahora el sol saliente, recordar los momentos junto a ti, en donde nos prometimos vivir hasta envejecer, saber que no puedo cumplir con esa promesa, ese es motivo mayor para morir de una vez.



Las cosas no salieron como yo quería, y por más que sienta el mundo más vivo que toda la ciudad junta, la situación seguirá siendo la misma, y yo por consecuencia tengo que perecer.
Mañana por la mañana, Blanca, no llores mi muerte y si por algún motivo lees mis pensamientos mientras los mentalizo, recuerda siempre quién fue el que más te quiso, quién es el que te ama y te amó.



No eches a perder tu existencia y mientras sobrevivas a mi ausencia, déjame entender y darte a entender porqué pierdo la vida: Al parecer la razón tan sencilla como que no debes mirar mucho a un ladrón, estafador, extorcionador u hombre con dinero y todo que perder.



Esta noche, Blanca, para mí ya no serán buenas. Y como pienso ahora en todas estas cosas el tiempo me hace reconocer mi actual situación, el dolor consume mi cuerpo entero y sólo espero morir. Miro hacia mi captor, y de nuevo con una sonrisa jala el gatillo...



Recuerdo en estos precisos instantes el último beso contigo, el día que falleció mi padre, el día que se fue de la casa mi madre, y el día que nos casamos. Ahora mientras la vista se me va nublando y todo se va volviendo negro, quiero , Blanca, que mañana por la mañana me digas que te espere, que las cosas van a terminar como lo planeamos antes de mi muerte, Buena suerte, sé fuerte y con el tiempo cuando lo pienses recuperarás la compostura y darás gracias por no haber cometido la locura y el error de seguirme con premura.



Mañana por la mañana cuando despiertes, todo será diferente, aunque tu vida de muerta viviente te lo oculte hasta que partas cerca de mí, que esperemos sea mucho tiempo.



Ahora no veo casi nada, la oscuridad y el dolor desaparecen consecutivamente... Ahora, Blanca, me desea la muerte, pero cuídate, y aléjate de mi suerte, ¡Te amo con todo mi sentir! porque aún oigo tu latir cerca de mí. Adiós.



Y con un último suspiro pude ver como en una película la única cosa que me hace sentir vivo: la ausencia de la muerte y el amor en un mismo camino.





jueves, 16 de abril de 2009

Bailando con mi princesa

Mientras esperas sentada en la cama me dirijo hacia el ordenador para poner una canción romántica. Avanzo lentamente mientras pienso cuál sería la mejor canción para bailar con mi amor. Escojo una canción, a mi parecer bella, te la dedico, te lo digo pensando en voz alta.

Te levanto de la cama, te pego muy cerca hacia mí y, mientras miro por un momento el ordenador, elevo el volumen para que mientras cante no se escuche mi pésima voz.

La letra y la melodía van avanzando y me pierdo en tu mirada. Qué no daría yo por encontrarme e irónicamente por perderme en el profundo color café de tus ojitos de sol. Tomo una de tus manos pequeñas entre la mía y con la otra procuro sostenerte mientras me miras con cierta atención.

Te miro y tú me miras, y cuando te digo "Te quiero, mi amor" me prestas mucha mayor atención, me miras y sonríes, te avergüenzas y agachas la mirada y yo sonrío por esa simple razón.

Créeme cuando te digo que juro que nunca dejaría de mirar esos ojos con admiración. Amo esa mirada tierna esas mejillas llenitas. Amo tu ceño fruncido y tus ganas de aprender más día a día. Amo tu sonrisa color de primavera. Amo las líneas de tus manos, amo la forma en que se acomoda tu cabello, igual al mío y no por eso me amo tanto como amo a la princesita más bella del mundo entero.

Vuelvo a repetir la escena y te vuelvo a mirar. Vuelvo a colocarme cerca de tu oido y te susurro mientras me muevo con el compás que me da el sonido, te digo esta vez que te amo y tu sonrisa se hace más evidente.

Al parecer no puedes hablar, y bueno para mí es obvio, no tengo que decir nada más. Sé que también me amas lo noto en tu pensar. Esta vez resultaste aún más tierna y me abrazaste sin pensar.

Ahora sigo cantando junto a la música de la canción y mientras mis manos siguen sosteniéndote trato de apretar un tanto más la mano que toca tu mano. Te alejas un poco de mi y me vuelves a mirar, acaricias mi rostro, y yo me derrito viendo tus deditos pasar.

Te vuelvo a mirar, otra vez. Ahora me acerco lentamente hacia ti te doy un dulce beso en tu boquita pequeña, esta vez te quedaste perpleja pues aunque siempre lo hago al parecer este beso inocente fue con más intensidad. Te pido un beso ahora, pareces dudar, sin embargo te acercas de un modo un tanto torpe pero encantador y pones tus labios en los míos.

Ahora vuelvo a acercarme, te intento abrazar, pero algo inesperado pasa. Me acabas de golpear, tus manitos dieron en mi frente, lo que pasó creo adivinar, al parecer te has cansado, me miras asustada. Pero mi risa has notado y sonríes conmigo, arruinaste una escena romántica, una escena magnífica, la más romántica de todas las que he tenido en mi miserable vida, que dejó de ser miserable con tu vida.

Sigues riendo y me rio sin parar, pues para tener un año de vida eres una cómica sin igual, además de saber bailar. Ahora que te veo de nuevo nos parecemos mucho, y sigo pensando y pensando y me rio sin parar. Al parecer te cansaste de tanto cariño, pero no importa a veces me comporto como un niño y no puedo evitar darte amor sin parar pues te amo hijita querida y no lo puedo evitar.

Ahora si algún día leyeras esta historia sabrás que siempre en mi memoria se guardarán momentos tales como este que si me vieras escribir también me verías llorar, te amo tanto que el mundo pareciera que se me va a acabar. Se me consume la vida mientras tu vida se llena, ahora que eres pequeña espero poder ganar esas gotas de cariño que ahora con golpes me das.
Aún no sabes hablar y como lo dije antes no necesitas tal, pues si lo hicieras me darías un golpe fatal, un golpe de felicidad, porque nada me haría más feliz que escuchar "te amo papá" y sé que dentro de poco lo harás. Y sin cansarte mucho me despido y ahora te pido que no me dejes de amar jamás.

miércoles, 1 de abril de 2009

Nada grita más fuerte que el silencio

Las peleas se han vuelto insoportables,
las cosas que oigo de sus labios
no me permiten seguir hacia adelante,
algo me nubla la mente,
quedarme aquí es un peligro constante.

Necesito caminar,
quiero respirar,
pues nada odio más
que este inútil silencio.

Escapar de este infierno
no puedo, no puedo...
No puedo seguir viviendo
y las cosas que me vienen a la mente
parecen nada más que un recuerdo.

Ayer por la noche volví a verla llorar
mis manos no la quieren volver a tocar,
el dolor de ella es tan grande
que las cosas y el mundo entero
se me posan delante.

Esta noche llegué tarde,
nada malo hacía,
pues se ve que sé escribir poesía.
Y un poeta tiene las manos benditas.

Sin embargo esta noche,
a pesar de tanto reproche,
discutimos otra vez,
sus uñas de nuevo rasgaron mi piel...

Me levanté del suelo
la miré con resolución,
había perdido la razón,
las cosas no tiene solución.

Nada pesa más que un golpe al alma
las cosas no tienen calma
cuando levantas la voz,
y porque eres tú
es la única razón de que no te haya abandonado.

Empezó con un empujón,
hoy tus gritos de dolor
son mi maldición.
Necesito respirar,
necesito aliviar esta quemazón
que siento en el corazón.

Cuando llegué no te podías levantar,
los golpes que te di
te dañaron hasta gritar,
ya no sé que decir,
¡discúlpame!,
pues te amo a mi pesar.



Ha pasado un tiempo,
las cosas siguen igual,
ahora más que nunca
quisiera renunciar,
pero la verdad no puedo,
soy un cobarde sin igual.

Y nada pesaría más
que tu ausencia,
que esta habitación
sin tu olor y tu gritar.

Ahora disfruto de tu dolor,
tus gemidos y gritos
me llevan a pensar
que solamente necesito
el sabor de tu pesar.

Me gusta el sabor de tu sangre,
me excito sin igual,
y hasta que hagamos el amor
no voy a parar...
Te amo, aunque no sé la razón...

Al levantarnos a la mañana siguiente
las cosas siguen tan igual,
luego de los golpes
tu cuerpo me hace vibrar.

Pero no puedo olvidar
que esta mañana parece necesitar
algo más de sangre,
algo más de impiedad.

Llevo ocho días con esa duda
la verdad, aunque sea cruda,
me tiene sin hablar.
Este noche no peleamos,
me dejé golpear.

Ha llegado el día, te necesito,
tu cuerpo sin vida,
tu alma perdida,
te necesito.

Nada importa ya,
de nuevo empiezas a gritar.
No te comprendo,
solamente pienso en matar.

Miro tus ojos llorosos,
no entiendo,
no sé que pensar...

Allí vienes de nuevo,
con los brazos en alto,
llorando, llorando...

Nada pesaría más
que tu vida de nuevo
recorriendo mi guarida,
no tengo que soportar más.

Te miro a los ojos,
camino hacia ti,
tienes miedo, lo sé,
pues has calmado tu enojo.

Quién sabe como se verá
mi cara distorsionada
por el odio que saldrá,
ahora estás tirada.

El golpe no fue suficiente,
ahora que lo pienso,
nada me excitó más
que ver gemir a un casi muerto.

O una casi muerta,
debiera decir,
pues al darte en la cabeza,
las heridas abiertas
y tu desesperación
dejaron paso a mi excitación.

Y mientras te desvestía
con insana perversión
no pude evitar sentir
que mi locura
mascaba fuerte mi corazón.

Mientras con tus piernas
me empujabas hacia ti
no pudiste sentir
mis verdaderas intenciones.

Las razones que tomé
para poseerte de esta manera
no las conoce ni mi alma,
gimes como una ramera
mientras te meto la muerte entera.

Una ves terminado
notaste que seguía golpeando,
tus uñas rasgaron la pintura,
ahora estás asustada, ¿o no?
estáte segura.

Te dejé ir, esta vez,
para acumular diversión,
no hube de ver entretenimiento
en matarte sin previsión.

Por ello te lo dije
y tus ojos se agrandarón,
las lágrimas de nuevo brotaron
y mientras corrías con tu cuerpo
desnudo y amoratado,
las cosas no cambiaron,
todo estaba determinado.

Ahora gritabas, pero aún así
las cosas no habían terminado.
Tome un martillo, y lo pensé,
mejor sería la sangre en un cuchillo,
un simple ataque y todo finiquitado.

Así sucedió, mientras buscabas tu ropa,
perdiendo el tiempo tontamente,
la sombra en el cuarto aparecía continuamente,
una sombra atormentadora, inquietante.

Cuando llegué con mi cuchillo
estabas en sostén y yo en calzoncillos,
te retorcías en el suelo,
mientras clamabas ayuda al cielo.

Las cosas no cambiaron, de nuevo,
caminé hacia ti sin remordimientos,
empujé la hoja hacia tu seno.

La sangré empezó a brotar,
se terminaba mi sufrimiento,
ahora todo sería silencio,
como en mis sueños, en mis pensamientos.

Una vez di la espalda
algo se paralizó en mi cuerpo.
Era mi corazón ahora muerto
que vivía para ver morir su sufrimiento.

Caminé lo más que pude
para tenerte cerca de mí,
ahora comprendí
el motivo de todo esto.
La muerte viene hacia mí,
rie y me mira con detenimiento,
¿le parecerá divertida mi partida
después de tanto sufrimiento?
El amarte me llevó a esto,
ahora estamos juntos
a pesar de tantos malos sentimientos.
Espérame donde estés,
para volver a darte sufrimiento.
Es lo que te mereces
por hacerme sentir esto,
espérame que por ti iré.

Nada grita más fuerte
en el silencio,
que la espera de un corazón
que se dio por muerto.